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¡Adiós al petróleo en los mares!



Científicos de la UNAM desarrollan forma de limpiar el agua por los derrames de crudo u otros contaminantes



Uno de los mayores problemas a combatir para salvar el medio ambiente es la contaminación de las masas de agua –ya sea de los mares, ríos, lagos, etcétera–, las cuales se ven afectadas, principalmente, por distintos residuos que generan las industrias, en especial, la petrolera. Y es que es común que ocurran derrames del llamado oro negro en los océanos, causando severos daños a la flora y la fauna marinas, y, por ende, a los ecosistemas.


Lo mismo sucede con las aguas dulces de los ríos y lagos, a las que llegan otras sustancias tóxicas, imposibilitando que puedan ser aprovechadas para el consumo y afectando a la biodiversidad en ellas.


Ante esto, desde hace décadas, se han buscado formas de limpiar el agua, de contaminantes como el petróleo; sin embargo, aunque las alternativas resuelven el problema, también, abren otro. Por un lado, los tensoactivos (una especie de detergentes) dejan burbujas en el agua, formando una película que se adhiere a los animales marinos, obstruyendo sus vías respiratorias; de igual manera, afectan a la cadena alimentaria, pues los peces las ingieren, dañando su organismo y el de los humanos, quienes se alimentan de ellos. Otra opción es quemar el hidrocarburo, pero eso provoca mayor contaminación ambiental, debido a los gases que se desprenden.


Una tercera forma es la limpieza magnética, que puede lograrse con materiales naturales y promete ser efectiva. En esta alternativa, se ha enfocado una investigación liderada por la doctora Yolanda Marina Vargas Rodríguez, de la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán, de la UNAM, quien logró desarrollar un método a base de nanotecnología, para recuperar el petróleo u otras sustancias del mar y poder reutilizarlo. De forma general, éste funciona a través de nanotubos de haloisita (un mineral de arcilla) y de magnetita (un mineral que tiene propiedades magnéticas), con los cuales se adsorben los contaminantes, es decir, se atrae y se atrapa a las moléculas de éstos.


Para entenderlo mejor, la doctora Vargas explica que se creó un nanocomposito con la haloisita y la magnetita; luego, se sintetizó en el laboratorio, a partir de sales de hierro, y, posteriormente, se pasó por un proceso de caracterización, en el que se potencian sus propiedades magnéticas. Al final, se obtiene un polvo, el cual, al pasársele un imán encima, se adhiere a éste.


El siguiente paso fue probar el comportamiento de dicho producto en un escenario acuático contaminado. Para ello, en un recipiente, se colocó agua y se vertió una parte de petróleo. Después, sobre la mancha negra, se agregó un poco del polvo y se pasó un imán por encima. Se observó que la mancha de crudo de desplazaba en la misma dirección en la que se movía el imán.


Se decidió usar magnetita porque es un material superparamagnético, lo que significa que, cuando el imán se aleja, deja de ser magnético; gracias a ello, es posible recuperar el combustible, mismo que se puede reutilizar.


La doctora Yolanda indica, además, que esta tecnología puede servir para retirar del agua, colorantes, sustancias radiactivas, fertilizantes, pesticidas, virus, parásitos, fármacos, nitratos, fosfatos, plásticos y hasta desechos fecales; aunque, a veces, no es tan sencillo, ya que algunos contaminantes no siempre tiñen el agua, a pesar de estar presentes en ella. Asimismo, puede serle útil a la industria farmacoquímica y a los hospitales.


Cabe mencionar que este proyecto comenzó a trabajarse desde hace ocho años, con la idea de favorecer a la industria textil; sin embargo, se dieron cuenta de que podría tener un alcance mayor y servir para la limpieza de los cuerpos de agua, lo que, a su vez, representa una ayuda para el rescate del medio ambiente y de los recursos naturales.


Aunque todavía falta hacer algunas mejoras y pruebas, la académica obtuvo la patente de su tecnología en 2021, quedando registrada como Nanocomposito magnético, su proceso de síntesis y proceso de recuperación de petróleo o aceites de cuerpos de agua usando dicho nanocomposito.


En los siguientes dos años, ella y su equipo trabajarán en escalar el proyecto, para ponerlo a prueba en las aguas de mares y océanos. ¡Enhorabuena para los universitarios!


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