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La belleza lingüística de los palíndromos

Actualizado: 8 sept 2022



Por lo general, en la mayoría de los lenguajes, el significado de las palabras y frases se encuentra leyendo las letras que las conforman, de izquierda a derecha. De modo que, por ejemplo, si leemos la letra c, seguida de a, m, i, n, a y r, dice ‘caminar’. Pero, al leer de manera invertida, el término que se forma es ranimac, que, al menos, en español, no significa nada.


Sin embargo, algunas palabras de nuestro idioma tienen la virtud de estar compuestas por una secuencia de letras, la cual resulta ser la misma en ambos sentidos; es decir, se leen igual tanto en una dirección como en la otra. Algunos ejemplos de esto son: oro, seres, narran, arenera, acurruca, reconocer. A esos vocablos que dicen lo mismo de ida y de regreso, se les conoce como palíndromos.


No obstante, la magia lingüística no termina aquí, porque, además, existen los llamados semipalíndromos o bifrontes, que son palabras que, al leerlas a la inversa, se convierten en otra existente dentro del idioma. Tal es el caso de: aro-ora, lavo-oval, robas-sabor, aparta-atrapa.


Ahora bien, entrando en terrenos un poco más complejos, descubrimos que el fenómeno anterior también está presente en las frases. Como ejemplo, podemos dar composiciones de dos palabras, que, leídas al revés, forman otra idea distinta, como ‘al reparto’, cuyas letras, ordenándolas al reverso, forman ‘otra perla’. Por consiguiente, las cuatro palabras que se derivan de esa combinación (al, reparto, otra y perla) tienen una relación palíndroma entre sí. Es decir, si hacemos una idea general a partir de la unión de las primeras dos frases, se forma ‘al reparto, otra perla’, que es un palíndromo, pues se lee igual de izquierda a derecha y viceversa.


Como vemos, en el arte de hacer ir y venir los significados de las frases, no necesariamente tienen que corresponder los espacios entre las palabras, lo esencial es que se cumpla esa lectura idéntica, de modo que los signos ortográficos tampoco son un obstáculo para que pueda lograrse el palíndromo.


Hacer este tipo de construcciones lingüísticas no es sencillo, se necesita mucha pericia y domino del lenguaje; sin embargo, se puede empezar si se parte de una o un par de palabras y añadimos letras. Por ejemplo: ‘la ruta’, leído al revés es ‘atur al’; entonces nos damos cuenta de que, si eliminamos el espacio, obtenemos ‘atural’. De manera que descubrimos que se requiere agregar la ‘n’ al término anterior para obtener la palabra que falta, ‘natural’. Así, la frase final queda: ‘la ruta natural’. Otros ejemplos serían: ‘somos o no somos’, añadiendo ‘o no’; ‘amad a la dama’, incorporando ‘a la’; ‘ella te da detalle’, agregando ‘ella te da’; y una de las más conocidas, ‘Anita lava la tina’. Resulta confuso al inicio, pero se puede lograr con la práctica.


A propósito, en el afán de conseguir esa trayectoria oculta, parece que los palíndromos no se crean de manera aleatoria, más bien, el lenguaje, en sí, forja su propio destino, para convertirse en juego lingüístico; por lo tanto, como si se tratara de un tesoro, la sorpresa y fascinación que resulta al descubrir una oración palíndroma detona en el entusiasmo que existe por este arte, sabiendo que la composición de las frases y el acomodo de sus elementos no podrían ser distintas.


Dentro del catálogo de palíndromos, los hay para todas las ocasiones y en gran variedad según la creatividad de quien los construya: para sintetizar algún título de la literatura clásica, ‘Edipo, la mamá lo pide’; para quien no sabe cocinar, ‘Al amanecer, asaré cena mala’; para un cuento de terror, ‘Pirata me mata, RIP’; para una crítica, ‘Amargor pleno con el programa’; para avivar el espíritu romántico, ‘Ema, dame oporto y otro poema dame’; para la protesta, ‘Abusón, acá, no suba’; para preservar la salud, ‘Ni nicotina ni tocinín’; o para reírse de los defectos propios, ‘Obeso lo sé, sólo sebo’.


Asimismo, el fenómeno está presente en todas partes, no sólo en el lenguaje. En matemáticas, por ejemplo, los números que se leen igual en ambas direcciones, como 77, 626, 1991, 2002, se llaman capicúa. En música, hay estructuras melódicas hechas a partir del concepto del palíndromo, como el primer movimiento de la Sinfonía Op. 21, de Anton Webern, o las piezas Danse de la fureur, pour les sept trompettes y Reprises par interversion, de Oliver Messiaen.


En genética, hay secuencias palindrómicas de ADN o ARN en la mayoría de los genomas; por ejemplo, en el caso de las bacterias, están los CRISPR, que funcionan como repeticiones clave para el sistema de defensa y, en conjunto con una proteína llamada Cas9, son capaces de cambiar los genes dentro de los organismos. En física, existe la teoría del tiempo reversible dentro de los agujeros negros, la cual, aunque todavía no se confirma, podemos imaginarla si pensamos que “el reloj de arena es el palíndromo del tiempo”, tal como lo sugiere la poeta mexicana Merlina Acevedo. Por su parte, dentro de la óptica, los espejos son, por excelencia, los creadores de toda imagen palíndroma de la realidad.


Lógico, a lo largo de la historia, elaborar o, mejor dicho, cazar palíndromos ha sido el pasatiempo de muchos. Entre los más antiguos que se conocen, están Nipson anomemata me monan opsin, atribuido a Gregorio Nacianceno, arzobispo cristiano de Constantinopla del siglo IV, el cual se traduce como ‘Lava mis pecados, no sólo mi rostro’, por lo que la inscripción se grababa en las fuentes o lavabos de los monasterios. En latín, existe la siguiente adivinanza: In girum imus nocte et consumimur igni, es decir, ‘Revoloteamos en la noche y nos consume la llama’, donde la respuesta son las palomillas. En español, el dramaturgo Juan de Timoneda, escribió, en 1561, el cancionero Sarao de amor, que contiene tres versos palíndromos; uno de ellos es: No desseo esse don.


Cabe decir que este tipo de construcciones existían desde hace siglos, aunque sin tener un nombre específico. Fue el dramaturgo y poeta inglés Ben Jonson quien acuñó el concepto palindrome, en 1629, inspirado en el significado de la palabra griega palindromos (‘volver a atrás’), la cual se utilizaba para señalar cualquier tipo de movimiento retrógrado, como la retirada de la milicia. No obstante, es curioso que los griegos no llaman palíndromo a las frases o palabras que se leen igual de izquierda a derecha, sino que se refieren a ellas como karkínos, vocablo que utilizan para nombrar al cangrejo, ya que van de un lado hacia el otro y viceversa.


Hasta la fecha, los poetas siguen caminando sobre la orilla del mar, con la esperanza de sentir un cangrejo en lugar de sólo rocas. A veces, algunos de ellos han tenido suerte y han traducido a nuestro lenguaje los sonidos de sus quelas, dejando, en el horizonte, no frases, más bien, poemas.


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