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Síndrome del corazón roto



Durante mucho tiempo, las personas creían que decir “tengo el corazón roto” era sólo una expresión metafórica común de los jóvenes ante una ruptura o decepción amorosa; y aunque se consideraba que el dolor podría ser sólo sentimental, actualmente, se ha descubierto que el desamor o la tristeza sí pueden ocasionar un daño físico en el órgano que bombea la sangre.


¿Qué es y cómo se manifiesta?


La miocardiopatía de Tako-tsubo (o Takotsubo), también llamada ‘síndrome del corazón roto’ es un padecimiento que se presenta de forma aguda y, en la mayoría de los casos, puede ser reversible. Muchas veces, se suele confundir con un ataque o infarto al corazón, por los síntomas que se presentan; sin embargo, en el síndrome del corazón roto, no hay un daño cardíaco permanente ni arterias bloqueadas.



Tako-tsubo’ es el nombre, en japonés, de unas trampas que se utilizan para capturar pulpos, las cuales tienen una forma similar a la que se observa en un corazón que padece esta afección cardíaca.

Generalmente, va precedido de un factor desencadenante, como puede ser la muerte de un ser querido, una ruptura amorosa, divorcios, una traición o un rechazo romántico; sin embargo, puede ocurrir, incluso, después de recibir una sorpresa agradable, como ganar la lotería.


Las mujeres son más propensas a desarrollarlo, a diferencia de los hombres, sobre todo, las mayores de 50 años y con antecedentes de alteraciones en la salud mental, como ansiedad o depresión.


Suele manifestarse con los siguientes síntomas:


· Dolor torácico intenso y repentino

· Falta de aire o aliento

· Debilitamiento del ventrículo izquierdo

· Arritmias

· Presión arterial baja

· Palpitaciones

· Desmayos


Si bien se relaciona con antecedentes de emociones intensas, las causas de por qué ocurre este trastorno cardíaco no están bien delimitadas. Se ha identificado que podría ser por el incremento de las catecolaminas en sangre, en conjunto con la desproporción de receptores beta-2-adrenérgicos que se unen a las proteínas Gi, haciendo que la actividad contráctil del corazón disminuya considerablemente, lo que causa una disfunción en la microcirculación del corazón, así como vasoespasmos de las arterias coronarias y la obstrucción del tracto de salida del ventrículo izquierdo. Esto provoca un desequilibrio en la oferta y la demanda del oxígeno, obligando a las células afectadas a entrar en una fase de reposo, lo que puede ocasionar un daño temporal al corazón de algunas personas.


De igual manera, los estrógenos son considerados como un factor protector de afecciones cardiovasculares, ya que disminuyen la diferenciación de miofibroblastos, además de tener un efecto regular de la epinefrina en los nervios presinápticos cardíacos, y atenúan la respuesta al estrés mediada por catecolaminas y glucocorticoides. Al ser un padecimiento que afecta principalmente a mujeres posmenopáusicas, podemos determinar que los estrógenos sí juegan un papel importante dentro de la fisiopatología, ya que, durante esta etapa, los estrógenos disminuyen considerablemente.


Existen cuatro tipos de síndrome de corazón roto, los cuales son:


Apical: Este tipo de afección es el más común; se presenta en más del 80 % de los casos y ocasiona el daño específicamente en la mitad inferior del corazón.


Medio ventricular: Aquí, la parte que más se ve afectada es la sección media de los ventrículos, la cual simula un cinturón o un anillo alrededor del corazón; sin embargo, las áreas por arriba y debajo del cinturón funcionan de manera normal.


Basal: De manera similar al tipo ‘medio ventricular’, también, aparece un anillo o cinturón, pero éste se ubica más arriba y sólo la parte que se encuentra por debajo de éste es la única que continúa funcionando de forma normal. Es un tipo muy raro, ya que sólo se presenta en alrededor del 2 % de los casos.


Focal: Es el más raro de todos, presentándose en menos del 1 % de los casos, además de que involucra un área mucho más pequeña que los otros tipos. El área afectada se puede visualizar como un bulto que sobresale notablemente del corazón, y el lado opuesto de este órgano se curva hacia adentro, hacia el bulto.


Como hemos mencionado anteriormente, en la mayoría de los casos, este síndrome cardíaco es reversible, pero puede ocasionar alteraciones que deben ser vigiladas de manera muy puntual, ya que estos cambios podrían provocar una insuficiencia temporal del músculo cardíaco, como:


· La interrupción del ritmo normal y constante del corazón; es decir, puede alterar el patrón de los latidos de este órgano.


· Que una parte del corazón se agrande temporalmente, sobre todo, la parte inferior del ventrículo izquierdo.


· Contracciones más fuertes en algunas áreas del corazón.


Las principales complicaciones que se presentan en la miocardiopatía de Tako-tsubo son edema en los pulmones, obstrucción del flujo de sangre en el ventrículo izquierdo y, raramente, se puede presentar ruptura del ventrículo izquierdo, choque cardiogénico y bloqueo cardíaco.


¿Hay tratamiento?


Aunque no existe una cura específica para el síndrome del corazón roto y la mayoría de las personas se repone completamente después del evento detonador, hay algunos medicamentos que pueden ayudar a que la recuperación sea más rápida, sobre todo, para mejorar la circulación, evitar la formación de coágulos y disminuir la inflamación del músculo cardíaco y la acumulación de líquidos.


¿Cómo evitarlo?


Si bien no hay forma de prevenir esta afección cardíaca, existen algunas maneras de evitar que aparezca, como aprender técnicas de manejo de estrés y resolución de problemas, así como contar con técnicas de relajación y respiración, practicar yoga, meditación, entre otras.

Adicionalmente, es importante contar con hábitos saludables, como la dieta y alimentación adecuada; hacer ejercicio, al menos, cinco veces a la semana, durante treinta minutos; dormir de siete a ocho horas al día; realizarse chequeos médicos de rutina; evitar la ingesta excesiva de alcohol; eliminar por completo el consumo de tabaco, así como el uso de drogas recreativas, ya que esto también puede propiciar que el corazón lata con más rapidez de lo normal y, a la larga, ocasionar daños físicos en él.



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