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Primeros auxilios


Conocerlos puede ayudar a salvar vidas o a mantener a las personas estables en lo que llega la atención médica






Los primeros auxilios son aquellos actos o medidas que se toman de manera inmediata para atender a una persona lesionada, inconsciente o súbitamente enferma; se aplican en el sitio dónde ha ocurrido el incidente y se mantienen hasta que se presenta la asistencia o servicio médico de emergencia. Estas medidas son cruciales para la evolución de la víctima y su recuperación; y una de las principales premisas de los primeros auxilios es que el auxiliador, antes de prestar ayuda, debe, siempre, procurar su propio bienestar; es decir, no exponerse a peligros, asegurando su propia integridad. Si su salud no está en riesgo, podrá asistir a la víctima.


De igual forma, los primeros auxilios tienen objetivos muy puntuales, como: mantener viva a la persona accidentada o lesionada, evitar que se presenten nuevas lesiones o complicaciones, solicitar atención médica lo más pronto posible y, en algunos casos, aliviar el dolor.


Es importante tener en cuenta que se debe actuar con rapidez, pero sin perder la calma, además de evitar que la gente ocasione aglomeraciones; procurar no movilizar al paciente, a menos que sea imprescindible; verificar que la forma en la que se traslade es de la mejor manera posible; evitar medicar al paciente y, lo más importante, si no se sabe cómo actuar ante alguna emergencia, es mejor abstenerse de intentar ayudar, ya que se podría empeorar la situación o el estado del lesionado.


Debemos tener muy claro que las maniobras a realizar deben practicarse en el lugar del accidente, salvo que existan situaciones potencialmente peligrosas tanto para el accidentado como para el reanimador, como presencia de humo, gases, sustancias explosivas, riesgo de colapso, etcétera. Esto es así porque, durante la valoración inicial de un accidentado, nuestro objetivo prioritario debe ser reconocer lesiones o situaciones altamente peligrosas para la vida del paciente. Los rescates de emergencia se llevarán a cabo en estas circunstancias antes de la evaluación del paciente.


La valoración primaria debe iniciar desde el estado de conciencia, comprobar si responde al llamarle y revisar su respiración; mientras que la valoración secundaria consiste en una exploración complementaria del paciente, para detectar otras lesiones, como hemorragias, heridas, quemaduras, fracturas, entre otras, y aplicar los primeros auxilios pertinentes hasta que acudan los servicios médicos.


En ocasiones, la respiración y la circulación de una persona pueden detenerse de forma repentina, inesperada y, posiblemente, reversible, por diversos motivos; parada cardiorrespiratoria (PCR) es el término médico para esta detención. La víctima muere si esta circunstancia se prolonga durante varios minutos, ya que sus células dejan de recibir oxígeno y nutrientes. Es crucial actuar de inmediato, porque el cerebro no puede soportar esta situación durante más de cuatro o cinco minutos.


Las técnicas de reanimación cardiopulmonar básica (RCP) intentan restablecer el ritmo cardíaco y la respiración mediante compresiones torácicas, a veces, conocidas como "masaje cardíaco", y ventilación artificial, con la técnica de "ventilación boca a boca". Cualquier persona con formación en primeros auxilios es capaz de realizar una RCP básica, sin necesidad de equipos especiales.


Las 3S –o PAS, en español (proteger, avisar, socorrer)– son tres fundamentos que deben seguirse antes de ayudar a personas que han sufrido daños físicos, especialmente, en accidentes, pero, también, en cualquier otra situación. Siguen en orden de importancia:


Primero: La tarea más importante es proteger a la persona lesionada, de daños adicionales, y, al mismo tiempo, cerciorarse de que la zona es segura para prestar ayuda. Para ello, el socorrista debe evitar tanto sus propias lesiones como las de la persona herida.


Segundo: En cuanto se tenga la certeza de que el lugar del accidente es seguro, hay que llamar a los servicios de emergencia (avisar). Dependiendo de la región y del nivel de asistencia que se necesite, existen varios números, además del 911, para servicios de emergencia en México.


Tercero: El socorrer. Si no se cuenta con conocimientos médicos, lo mejor es actuar sólo si es muy necesario, y únicamente con medidas básicas, como arropar a la víctima, para que no pierda calor corporal, y mantener a la persona tranquila. Sólo se debe sacar a los heridos de un vehículo cuando esté en riesgo de incendio, así como a los motociclistas y ciclistas, no se les debe retirar el casco. Además, es importante mencionar que no se les debe dar nada de comer ni beber.


¿Cómo se debe actuar ante un paro cardiorrespiratorio?


En primer lugar, es importante valorar la seguridad tanto del herido como del reanimador; es decir, siempre buscar proteger a las personas involucradas. Posteriormente, se debe valorar el estado de conciencia de la siguiente forma:


Pregunte al herido qué le ocurre y sacúdalo suavemente mientras se arrodilla a la altura de sus hombros. Siga los procesos de evaluación primaria y secundaria si el sujeto está consciente. Pida ayuda inmediatamente si la persona está inconsciente o no responde. Debe gritar pidiendo auxilio y pida a alguien que llame al 911, en su nombre, y explique el problema.


La posición óptima para un individuo inconsciente que pueda haber sufrido un paro cardiorrespiratorio es que se le coloque en el suelo (una superficie dura y horizontal), acostado bocarriba (decúbito supino), con los brazos estirados hacia delante. Es importante dejar al descubierto el pecho y quitarle cualquier prenda que le restrinja el movimiento. Abrir las vías respiratorias después de pedir ayuda y colocar cuidadosamente a la persona, para la RCP.


Es crucial que el camino que el aire debe recorrer para llegar a los pulmones desde el exterior permanezca sin obstrucciones. Y es que es probable que la lengua "caiga" hacia atrás y obstruya la vía respiratoria hacia los pulmones cuando alguien pierde el conocimiento. Para realizar un procedimiento de extensión del cuello, hay que inclinar la cabeza del paciente hacia atrás, todo lo posible. De esta forma, se eleva la lengua, liberando las vías respiratorias. El movimiento frente-mentón se realiza colocando una mano en la frente de la víctima y dos dedos de la otra mano, en su mentón. A continuación, se tira suavemente de la cabeza hacia atrás hasta extender completamente el cuello.



Si el paciente no respira, se debe conseguir ayuda e indicar que comenzará la maniobra de RCP. Lo primero que debe hacer el reanimador es dar 30 compresiones torácicas, mediante lo que se denomina masaje cardíaco: se sitúa el talón de la mano en el centro del pecho (donde se encuentra el punto donde se cruzarían dos líneas imaginarias, que fueran, una de ellas, de pezón a pezón, y otra, de nariz a ombligo), y el talón de la otra mano sobre la primera. Entrelazar los dedos y asegurarse de no aplicar presión sobre las costillas, parte superior del abdomen o parte final del esternón.


Después de comenzar el masaje cardíaco, la persona que se encuentre reanimando debe combinar las 30 compresiones con dos ventilaciones de rescate. Para esto, debe abrir, de nuevo, la vía aérea (maniobra frente-mentón), pinzar la nariz con los dedos índice y pulgar de la mano colocada sobre la frente del paciente, tomar una inspiración normal e insuflar firmemente el aire en la boca de la víctima durante un segundo, comprobando que el pecho se eleve.


La víctima debe seguir recibiendo reanimación cardiopulmonar hasta que ocurra alguna de estas situaciones: llegue la ayuda especializada y se haga cargo, la víctima empiece a respirar con regularidad o el reanimador se agote.

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