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Abejas robot. ¿Semilla de esperanza para la humanidad?



 

La famosa frase “Si las abejas mueren, al hombre sólo le quedan cuatro años en la Tierra” ha tomado suma relevancia en los últimos años, y no porque haya sido mal atribuida al reconocido físico Albert Einstein, sino porque fue pronunciada, precisamente, por una comunidad de apicultores belgas durante una protesta por sus derechos, en 1994, en la que hacían notar la reivindicación de su trabajo para la preservación de las abejas y, con ello, la sostenibilidad de la especie humana.

 

En 2019, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura sentenció que “la reducción de la población de abejas es una amenaza para la seguridad alimentaria y la nutrición”, riesgo que se diversifica en varios factores: el uso de pesticidas, que afecta a estos insectos, la llegada de nuevos parásitos o la construcción humana, que ha modificado el entorno de las abejas, su alimentación y polinización.   

 

Si bien, para algunas personas, las abejas pueden parecer insectos insignificantes, lo cierto es que alrededor del 70 % de los cultivos depende directamente de estos animales, por lo que su desaparición impactaría gravemente en la agricultura y, en consecuencia, en los alimentos que consumimos.

 

Para hacer frente a este problema, la tecnología trabaja en el desarrollo de abejas artificiales, para que puedan apoyar a los ejemplares naturales.

 

¿Qué son las abejas robot?

 

A la fecha, hay diferentes compañías encargadas en proyectos de diseño e implementación de abejas robot, por lo que los modelos varían de uno a otro; sin embargo, el objetivo en común es que se trate de un dron diminuto, tanto como cualquier insecto, con un mecanismo que le permita volar con los mismos movimientos que una abeja, y con una estructura que le facilite el proceso de polinización. La anatomía de la roboabeja está diseñada para la no tripulación, y que, en vez de ello, cuente con un sistema de sensores y cámaras, privilegiándola con un algoritmo informático para la detección de las mejores flores para polinizar.  

 

En este caso específico, se busca que el “arte imite a la realidad”, puesto que la versatilidad de las abejas radica en su capacidad multitarea, es decir, en su capacidad para equilibrar su vuelo, al mismo tiempo en el que escapan de sus depredadores y evalúan las flores más óptimas para su trabajo de polinización. Todo ello, en fracciones de segundo, lo cual es fruto de años de evolución de la especie, por lo que el mayor trabajo no radica en la construcción de las roboabejas, sino en el estudio de estos seres en su medio ambiente, para interpretar, entender y codificar su cognición y trasladarla a un sistema que resulte capaz de emularlo.   

 

Es necesario, entonces, anotar que las roboabejas no pretenden ser un reemplazo para la abeja natural, sino una medida de respuesta a la desaparición continua de estos pequeños insectos, un complemento para conservar el equilibrio natural lo mejor posible. Sin embargo, se vuelve difícil calcular cuántos drones de este tipo se requerirían, con exactitud, para polinizar todo un bosque, por ejemplo. Es decir, los costes para un ejército de abejas robot serían extremadamente altos. Por esta razón, parece más viable un número determinado que contribuya con sus similares naturales.  

 

¿Hay ventajas al usar abejas robot?

 

La realidad es que sí. Esta alternativa podría servir para resistir a cambios repentinos de clima, sin la más mínima afectación, ya que se trata de robots, por lo que no existirían daños considerables.  

 

Por otro lado, las roboabejas son inmunes a parásitos o enfermedades, pues no son seres biológicos. Más aún, son resistentes a los insecticidas responsables de la disminución de la población de abejas, por lo que podrían ayudar, a su vez, a combatir la presencia de plagas en cultivos mediante el rocío controlado de pesticidas.  

 

Argumentos opositores

 

La idea de una inteligencia en beneficio de la naturaleza y la humanidad parece ser una noción optimista para algunas personas, pero, para otras, se vislumbra como una transgresión al orden natural, en la que se normaliza la concepción de una naturaleza artificializada. Dicho de otro modo, el ser humano se involucra hasta donde no debería hacerlo.

 

Otra concepción importante radica en la ilógica de priorizar la fabricación de polinizadores artificiales en lugar  del cuidado y preservación de los polinizadores naturales; además de la indiferencia que se ha tenido a las miles de denuncias que han hecho los científicos acerca de lo contaminante que resulta ser la industria agrícola.   

 

Por último, los principales opositores sostienen que las grandes empresas agroquímicas buscan adueñarse de ambos extremos: vender los pesticidas que hieren irreparablemente a las miles de especies afectadas por estas sustancias y, más tarde, vender un supuesto remedio.

 

Otras alternativas

 

A estas alturas, una única solución será infructuosa para resarcir el daño al medioambiente, por lo que la preservación de la naturaleza deberá trabajar a la par del desempeño de dichas abejas robot, si es que se buscan resultados efectivos.

 

Otra posible función de las roboabejas es que se enfoquen en una colmena, específicamente, en el cuidado de la reina, ya sea su alimentación, estimulación para la puesta de huevos o conservación de su vida; es decir, se busca beneficiar a todo un ecosistema desde un solo integrante, un solo eslabón, ya que un mejor estilo de vida para la reina producirá mayores huevos, más crías, mejor actividad por colonia, mayor polinización y, consecuentemente, mejores cultivos. No obstante, este no es un trabajo sencillo, ya que las abejas suelen ser insensibles a objetos extraños a su colmena, por lo que esta labor requerirá de recubrimiento de olores y elección de otros materiales.  

 

Asimismo, las colmenas robotizadas podrían entrar pronto al mercado europeo. Están hechas a base de un contenedor amplio, que puede albergar 24 colmenas y que vigila a las abejas durante todo el día, se ocupa de ellas, ofrece comida o agua, se encarga de la regulación de la temperatura y de la extracción de la miel. Dicho robot sabe, por medio de su inteligencia artificial, qué es lo que requieren las abejas; incluso, es capaz de notificar al apicultor sobre una anomalía, para que sea él quien decida si participa directamente para resolverla o si realiza un cambio desde la computadora.

 

Sin duda, se trata de una gran alternativa, pero debemos apostar, en primera instancia, a cuidar y a preservar a las abejas naturales, que mucho hacen por nosotros.

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