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Descubrimiento del oxígeno


El oxígeno es el elemento químico más abundante de la corteza terrestre y uno de los pilares de la vida en nuestro planeta. Su descubrimiento fue resultado de una serie de investigaciones realizadas durante el siglo XVIII, que transformaron por completo la química. Aunque varios científicos contribuyeron a su identificación en diferentes años, la fecha que tradicionalmente se reconoce como el hallazgo del oxígeno es el primero de agosto de 1774, cuando el químico y clérigo inglés Joseph Priestley logró aislar este gas mediante un experimento cuidadosamente documentado y posteriormente publicado.


Ese día, Priestley concentró los rayos del sol, con una gran lente, sobre una muestra de óxido de mercurio (HgO) contenida en un recipiente de vidrio. Al calentarse, el compuesto liberó un gas desconocido. Priestley observó que una vela ardía con mucha mayor intensidad dentro de ese gas y que un ratón sobrevivía durante más tiempo al respirarlo que en aire común. Incluso, él mismo inhaló una pequeña cantidad y describió que le producía una sensación de respiración especialmente ligera. Debido a que todavía predominaba la teoría del flogisto, interpretó el hallazgo bajo esa idea y llamó al nuevo gas "aire desflogisticado", sin comprender aún que se trataba de un elemento químico diferente, que sería definido tres años después por Antoine Lavoisier.


El descubrimiento del oxígeno representó uno de los avances científicos más importantes de la historia. Gracias a él fue posible comprender la naturaleza de la combustión, explicar el proceso de la respiración de los seres vivos y sentar las bases de la química moderna.

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