Scroll sin fin, estrés sin pausa
- paginasatenea
- 6 ago
- 4 min de lectura
Cuando informarse deja de ser saludable

Visualice esta escena. Una persona toma su teléfono con la intención de revisar sus redes o consultar una noticia en específico. Minutos después, sigue deslizando la pantalla sin detenerse, pasando de una noticia preocupante a otra, de un video a un comentario, de una publicación sobre conflictos internacionales a otra sobre crisis económicas o desastres naturales, y así durante un largo tiempo. Cuando finalmente deja el dispositivo, siente agotamiento, ansiedad o una sensación de incertidumbre difícil de explicar.
Este comportamiento tiene un nombre y es doomscrolling. Aunque el término comenzó a popularizarse durante la pandemia de COVID-19, hoy, describe un hábito cotidiano que afecta a millones de personas en todo el mundo. Consiste en consumir de manera compulsiva información negativa a través de redes sociales, sitios de noticias o aplicaciones digitales, incluso, cuando ese contenido provoca malestar emocional.
Lejos de ser un problema exclusivo de la tecnología, el doomscrolling revela cómo funciona el cerebro humano frente a la incertidumbre y cómo los algoritmos pueden favorecer patrones de consumo repetitivo que, en algunas personas, pueden convertirse en hábitos difíciles de controlar.
¿Qué es el doomscrolling?
La palabra doomscrolling combina los términos ingleses doom (fatalidad o desastre) y scrolling (desplazarse por una pantalla). Se refiere al acto de seguir consumiendo noticias negativas, de forma repetitiva y casi automática, aun cuando hacerlo genera estrés o ansiedad.
Este fenómeno está relacionado con el llamado sesgo de negatividad, una característica del cerebro humano que hace que prestemos mayor atención a las amenazas que a la información positiva. Desde una perspectiva evolutiva, detectar riesgos aumentaba las posibilidades de supervivencia. En la actualidad, ese mismo mecanismo nos lleva a permanecer atentos a noticias alarmantes, incluso cuando no podemos hacer nada para cambiarlas.
Las plataformas digitales potencian este comportamiento. Sus algoritmos priorizan el contenido que genera mayor interacción y, en muchas ocasiones, las noticias impactantes o emocionalmente intensas reciben más comentarios, reacciones y tiempo de visualización por parte del usuario. Como resultado, la persona puede entrar en un ciclo continuo de información negativa.
¿Por qué resulta tan difícil dejar de hacerlo?
El doomscrolling no responde únicamente a la curiosidad. También, intervienen factores psicológicos como la necesidad de sentir que se mantiene el control sobre situaciones inciertas.
Cuando ocurre una crisis sanitaria, un desastre natural o un conflicto internacional, muchas personas creen que seguir buscando información les permitirá anticiparse a los acontecimientos. Sin embargo, ocurre lo contrario, ya que entre más contenido consumen, mayor es la sensación de preocupación y más difícil resulta dejar el teléfono.
Además, las redes sociales están diseñadas para ofrecer contenido prácticamente infinito. No existe un punto natural para detenerse, lo que favorece sesiones de uso mucho más largas de lo previsto o de lo recomendable para una buena salud digital.
Los riesgos para la salud

Diversas investigaciones han demostrado que la exposición constante a información negativa puede afectar el bienestar emocional y físico.
Entre las principales consecuencias se encuentran:
Incremento de los niveles de ansiedad y estrés.
Sensación persistente de preocupación o miedo.
Alteraciones del sueño, especialmente cuando el consumo ocurre antes de dormir.
Disminución de la capacidad de concentración.
Fatiga mental y emocional.
Reducción de la productividad y dificultades para realizar actividades cotidianas.
Mayor percepción de inseguridad sobre el entorno, incluso cuando el riesgo real no ha cambiado.
El problema no radica en mantenerse informado, en realidad el problema se centra en hacerlo de manera excesiva, impulsiva y sin pausas. La información deja de ser una herramienta útil para convertirse en una fuente constante de tensión.
¿Quiénes son más vulnerables?
Aunque cualquier persona puede desarrollar este hábito, algunos grupos presentan mayor riesgo. Los adolescentes y adultos jóvenes, por ejemplo, pasan varias horas al día conectados a redes sociales, lo que aumenta la exposición a contenido negativo. También, son vulnerables quienes experimentan altos niveles de ansiedad, personas que trabajan con información noticiosa o quienes atraviesan momentos de incertidumbre personal.
Esto no constituye un trastorno psicológico reconocido como diagnóstico clínico; más bien, se trata de un comportamiento que, si se vuelve frecuente, puede contribuir al deterioro del bienestar emocional.
¿Cómo evitar el doomscrolling?
Romper este hábito no implica desconectarse completamente del mundo, sino aprender a desarrollar una relación más saludable con la información.
Algunas estrategias recomendadas por especialistas incluyen:
· Establecer horarios para informarse: Consultar las noticias una o dos veces al día suele ser suficiente para mantenerse actualizado sin caer en el consumo compulsivo.
· Elegir fuentes confiables: Es preferible acudir directamente a medios reconocidos o instituciones oficiales que depender exclusivamente de las redes sociales.
· Evitar revisar noticias antes de dormir: La exposición a información estresante durante la noche puede afectar la calidad del sueño y aumentar la activación mental.
· Desactivar notificaciones innecesarias: Reducir las interrupciones disminuye la tentación de revisar constantemente el teléfono.
· Equilibrar el contenido consumido: Alternar noticias con actividades recreativas, lectura, ejercicio o conversaciones presenciales ayuda a reducir la sobrecarga emocional.
· Reconocer las propias emociones: Si, después de navegar en internet, aparecen ansiedad, enojo o desesperanza, puede ser momento de hacer una pausa y alejarse de la pantalla durante algunos minutos u horas, según sea necesario.
· Informarse sin perder el equilibrio: Vivimos en una época en la que nunca había sido tan fácil acceder a la información. Esa ventaja, sin embargo, también implica el desafío y la responsabilidad de aprender a administrarla de manera consciente.
Mantenerse informado es una práctica esencial para participar en la sociedad y tomar decisiones responsables. No obstante, cuando la búsqueda constante de noticias negativas sustituye el descanso, afecta el estado de ánimo o genera angustia permanente, deja de cumplir su propósito y se vuelve una práctica contraproducente.
El reto consiste en desarrollar hábitos digitales conscientes, para saber cuándo detenerse, verificar la calidad de las fuentes y dar espacio a otras actividades que nos ayudan a mantener una buena salud mental. En un entorno saturado de información, aprender a desconectarse de vez en cuando puede ser tan importante como mantenerse informado.




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