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Colinas de Chocolate



Un paisaje sin igual dentro de la tropical Filipinas



No cabe duda de que la naturaleza es la más grande artista, la cual, desde tiempos remotos, ha ido creando sus maravillosas obras alrededor del mundo, dejándolas como una evidencia de su maestría y perfección. Una de esas tantas magníficas piezas se encuentra al sur de Filipinas, en el continente asiático: las llamadas Colinas de Chocolate.


Se ubican al centro de la isla de Bohol y se trata de un conjunto de montículos cónicos, distribuidos en un área de poco más de 50 kilómetros, que pasa por las ciudades de Carmen, Batuan y Sangbayan. De acuerdo con información de la Unesco, son mil 776 colinas en total, de entre 30 y 120 metros de altura, separadas entre sí por llanuras; además, muchas de ellas contienen cuevas y manantiales.


Fueron nombradas Colinas de Chocolate –Tsokolateng Burol, en su idioma original, el tagalo– por la coloración que adquieren durante la temporada seca de la región. De diciembre a mayo, la vegetación que las recubre se seca, tornándose de color marrón claro, lo que les da la apariencia de ser enormes trufas de chocolate. De hecho, esa es la mejor época para visitarlas.


¿Qué son exactamente y cómo se formaron?


Aunque, a simple vista, parecen pequeñas montañas, en realidad, son elevaciones de roca caliza, lo que significa que son formaciones kársticas. Esto significa que surgen a partir de la erosión de la roca por efecto del agua, ya sea de la lluvia, aguas superficiales o subterráneas. Es un proceso muy lento, que se produce en áreas calcáreas.


Comenzaron a formarse hace millones de años, cuando el mar cubría esa región. Los sedimentos de esqueletos calizos de organismos marinos (corales y moluscos) se fueron acumulando en el mar hasta formarse una gran roca calcárea. Luego, durante la época del Plioceno (período Neógeno, era Cenozoica) la roca se fragmentó y se elevó sobre el nivel del mar gracias a la actividad de las placas tectónicas. Una vez fuera, pasaron otros tantos años en los que las condiciones climáticas terminaron de pulir las partes rocosas, dándoles su característica forma.


La anterior es la explicación científica; sin embargo, es bien sabido que la mayoría de las maravillas naturales del planeta, por no decir que todas, tienen una génesis mitológica. El pensamiento colectivo de Bohol atribuye la formación de las Colinas de Chocolate a tres posibles leyendas:


La primera de ellas corresponde a una historia trágica de amor. Se cuenta que Arogo, un imponente y musculoso gigante, se enamoró perdidamente de una hermosa mujer mortal, Aloya. Afortunadamente, fue correspondido y vivieron felices y tranquilos por un tiempo hasta que, un día, Aloya murió. El dolor de Arogo fue tan grande que lloró durante días enteros, y sus enormes lágrimas derramadas se convirtieron en las colinas, inmortalizando de esa forma su amor eterno por su mujer.


La segunda leyenda la protagonizan dos jóvenes gigantes, quienes estuvieron peleando violentamente, durante varios días, en aquellos terrenos de la isla de Bohol; sus armas eran enormes rocas, del tamaño de montañas. Ninguno se daba por vencido, así que, exhaustos del combate, decidieron que no valía la pena continuar con él; así que hicieron las paces y se volvieron amigos. Su campo de batalla, con las rocas lanzadas por doquier, fue el paisaje de montículos que ahora admiramos.

El tercer mito tiene que ver con el excremento de un animal: el carabao, también conocido como búfalo de agua o búfalo del pantano, y que es típico de Filipinas. Según la creencia, un carabao gigante solía comerse las cosechas de los agricultores humanos del lugar. Ellos, hartos de dicha situación, decidieron intoxicar al búfalo, para disuadirlo de continuar comiéndose los cultivos. No le pasó nada grave al animal, sólo le dio una fuerte indigestión que ocasionó que estuviera defecando por todos lados. Las bellas colinas, entonces, son las heces de un comelón carabao.


Ícono de Filipinas


Como podrá imaginarse, las Colinas de Chocolate son uno de los principales atractivos turísticos tanto de Bohol como de Filipinas. Son tan admiradas y apreciadas por la población local que, en junio de 1998, fueron declaradas el tercer Monumento Geológico Nacional del país, en reconocimiento de su valor científico y su singularidad geológica; además, están presentes en el escudo de la bandera de la isla de Bohol y en el billete de 200 pesos filipinos.


De igual forma, en 2006, el Departamento de Medio Ambiente y Recursos Naturales de Filipinas envió una solicitud a la Unesco, para que las Colinas de Chocolate ingresaran a la lista de Patrimonio de la Humanidad.



Admirando las colinas


Al estar distribuidas en parte de tres ciudades, las colinas se pueden apreciar desde varios puntos. El Chocolate Hills Complex o Mirador de las Colinas de Chocolate es uno de los mejores sitios para observar este paisaje kárstico. Ahí, hay una placa de bronce conmemorativa, que dice lo siguiente acerca de su creación:


“La forma de tierra única conocida como las Colinas de Chocolate de Bohol se formó hace siglos, por la elevación de los depósitos de coral y la acción del agua de lluvia y la erosión. Las colinas cubiertas de hierba, alguna vez, fueron arrecifes de coral que surgieron del mar en un cambio geológico masivo. El viento y el agua dieron los toques finales durante cientos de miles de años.”

Dicho mirador ofrece las mejores vistas y los mejores paisajes para sacar las típicas fotografías, pero para llegar hasta ahí se debe pagar una módica cuota de entrada y subir exactamente 214 escalones.


Pero también se puede explorar el lugar más de cerca, en un recorrido a bordo de una especie de cuatrimoto conducida por guías, que hacen paradas en distintos puntos del terreno; sin embargo, igualmente se pueden rentar motos para manejarlas uno mismo y disfrutar a ritmo propio.


Al llegar a las faldas de las colinas es posible escalarlas, siempre, respetando y cuidando el entorno; aunque no es tan sencillo como parece, pero seguro que vale la pena.





El tarsero es, quizá, el animal más emblemático de Filipinas. Es un primate muy pequeño, de grandes ojos, que llega a caber, incluso, en la palma de la mano. Abunda en los bosques y parques de Bohol, por lo que es muy común encontrarse con algún ejemplar. Es muy sensible, frágil y se asusta con facilidad, por lo que, ante un episodio fuerte de estrés, puede llegar a ahogarse. Es por ello que se debe ser muy responsables y respetuosos al estar frente a uno, y procurar no molestarlo ni alterarlo con fotografías o ruidos.

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