El cómic, mucho más que “dibujitos”
- paginasatenea
- 2 nov 2025
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El cómic, también conocido como historieta o novela gráfica según su formato o estilo, se puede definir como una serie de viñetas que cuentan una historia; la ilustración de un guion, organizada en secuencias que muestran la acción de los personajes. Se conforma de imágenes, textos cortos, símbolos, onomatopeyas, planos, ángulos y globos de diálogo. Al ser una narrativa, cuenta con un inicio, desarrollo y un fin, dentro de una línea temporal.
Pero más allá de eso, es un medio masivo de información, con una fuerte influencia y poder dentro del contexto sociocultural, y es un auténtico representante de la cultura de masas, pues ha sido utilizado, desde su existencia y hasta nuestros días, para distintos fines. Y es que, a través del cómic, se transmiten valores, historia, ideas, elementos de aprendizaje, información, ideología; por lo cual, ha servido como campaña publicitaria, como propaganda, como herramienta educativa o como mero entretenimiento.
Tan antiguo como moderno
Para algunos estudiosos, las raíces del cómic se encuentran en la prehistoria, en los dibujos rupestres en cuevas de distintas partes del mundo, en los que el hombre primitivo manifestó sus primeros intentos de comunicación, a través de un lenguaje pictórico, con el que contaba sus experiencias de vida, principalmente en las actividades de caza.
En la Antigüedad, las narraciones gráficas en papiros, en mosaicos y grabadas en piedra también pueden ser consideradas un precedente del cómic. Por ejemplo, el Estandarte de Ur, un mosaico sumerio de entre los años 4000 y 2000 a. C., narra, con imágenes, la victoria del rey Sumer en una gran batalla. La Columna de Trajano, que data del 114 a. C., en Roma, es una escultura de 38 metros de alto, en la que, a manera de espiral, hay una serie de relieves esculpidos que describen las batallas y la derrota contra los dacios, pueblo de Rumania.
Con la invención de la imprenta, en el siglo XV, y, posteriormente, con la llegada del periódico, en el siglo XVII, comenzaron a sentarse las bases para el futuro desarrollo del cómic como lo conocemos hoy, teniendo sus primeras formas a inicios del siglo XIX, con el trabajo de los ilustradores. Grandville, por ejemplo, fue un dibujante que, en 1800, se hizo popular por sus ilustraciones a plumilla y tinta, que representaban a animales con postura y características humanas, siendo, incluso, el precursor del concepto que crearía Walt Disney más tarde.
Sin embargo, para algunos autores, los alemanes fueron los creadores del género. En 1860, Don Wilhelm Busch creó el primer personaje de historieta cómica, Hieronymus; y sobre esta base, una década después, presentó su primera tira, Max y Moritz, que trataba de dos jovencitos que hacían travesuras, la cual, para 1884, se publicaba semanalmente en un periódico de Múnich. Este y otros trabajos de Busch inspiraron a otros artistas alemanes para realizar propuestas similares. Una de ellas fue Hércules (1894), que era un niño alemán que cazaba animales y era capaz de romper piedras, atravesar paredes y vencer a sus enemigos, siendo, de alguna manera, el primer superhombre de cómic.
Luego de una gira por Europa e inspirado en el trabajo de Busch, William Randolph, conocido como el gánster de la prensa neoyorquina, fue una figura clave en la creación y publicación de la primera historieta estadounidense: The Yellow Kid, que apareció en 1896, en el diario New York World. Fue dibujada por Rudi Dirks, quien hizo un aporte relevante a este formato, pues fue el primero en dividir en cuadrantes la historieta, para facilitar la lectura. En 1898, surgió la primera historieta francesa, La Famille Fenouillard (La Familia Fenouillard); y en Inglaterra, apareció Weary Willie.
Hasta el momento, en todas las historietas, lo común era que, debajo de cada viñeta o cuadrante, aparecía un texto explicativo. Se dice que fueron los ingleses los que, en algún punto, introdujeron los llamados globos de diálogo y el recurso de las onomatopeyas.
Adoptando esas nuevas características, durante el siglo XX, surgieron más historietas en Estados Unidos –que seguían publicándose en distintos diarios–, que perduraron y se volvieron icónicas, como Mutt y Jeff, Educando a papá, y, en 1913, Krazy Kat, la primera historieta con animales como personajes.
En Francia, al cómic o historieta se le denomina bandes dessinés; en Italia, fumettis; en Portugal, quadrinhos; en España, tebeos; y en Japón, mangas.
El poder del cómic estadounidense
Si bien el cómic surgió como un nuevo medio de expresión, en principio, para el entretenimiento, los editores estadounidenses lo aprovecharon como una oportunidad para hacer negocio; a su vez, el gobierno lo utilizó como propaganda política para imponer una ideología social y reforzar el patriotismo; aunque, también, hubo quienes se valieron de él para hacer críticas a la sociedad. El gran éxito de las historietas, independientemente de su temática, motivó a que migraran de ser publicadas en periódicos a tener sus propios librillos, con una periodicidad propia, consolidando definitivamente al cómic como medio de comunicación de masas.
Por ejemplo, Li’l Abner (Mamá Chimba) fue la primera tira cómica que criticó las costumbres de Estados Unidos, a la vez que enriqueció el formato del cómic, ya que fue el primero en utilizar el recurso de dejar en suspenso al lector; es decir, para saber lo que iba a suceder en la historia, era necesario seguir comprando la historieta. Por otro lado, Pepita es claro ejemplo de los primeros cómics propagandistas estadounidenses; narra las peripecias de un típico matrimonio de clase media, con el marido oprimido.
Mandrake, el mago –publicado en 1934– fue el primer cómic hecho con dibujos realistas y el iniciador del género del superhombre norteamericano, que lucha contra el mal que amenaza a su país. Se trataba de un hombre con poderes hipnóticos sobrenaturales, que siempre ganaba la batalla; incluso, cuando parecía que estaba a punto de perder, al último instante, encontraba la manera de salvarse y resolver los problemas de la comunidad.
Por su parte, Superman, que apareció por primera vez en 1938, y aunque tenía a Mandrake como precedente, inauguró las tramas de superhéroes, introduciendo, además del personaje principal, un antagonista recurrente, que se volvería igual de importante que el héroe y fácilmente identificable por el público. A este, le siguieron otros superhéroes, como Batman, Superman, Los Hombres X, etcétera, cuyas historias tocaban temas mucho más profundos y complejos, con la violencia de por medio; los villanos, más allá de representar amenazas externas al país, reflejaban los males internos de la sociedad, siendo el contenido, a la vez, una crítica del sistema.
Pese a todo lo anterior, la historieta norteamericana poseía ciertas características marcadas: es imperialista, maniqueísta, enajenante, clasista y racista, pues siempre, el héroe, el bueno, es el personaje blanco; refleja, de manera cínica, la fantasía del “american way of life”, presentando un modo de vida “ideal” y siendo una manera efectiva de manipular y controlar a la masa.
Pero hubo un pequeño sector de ilustradores que buscaron que el cómic se alejara de tramas banales, “vulgares” o tendenciosas, y, por el contrario, sirviera como un medio de calidad cultural y educativa. Así, surgieron historietas como El príncipe valiente, histórica y realizada con dibujos muy elaborados y artísticos, acompañados de textos fáciles de comprender para el lector.
Luego, nació Peanuts (Snoopy y Charlie Brown), que fue el primer cómic que presentó personajes de niños, pero con un razonamiento de adultos; la idea era que el contenido fuera reflexivo, abordando, de manera natural y filosófica, temas considerados tabú, como la educación sexual, la religión, las relaciones con los padres, el racismo, entre otros.
El cómic mexicano
En el caso de la historieta mexicana, aunque con elementos propios de nuestra cultura, se gestó con una fuerte influencia del cómic estadounidense. Empezó en 1930, con Chupamirto, que, de hecho, le sirvió a Mario Moreno para la creación de su personaje “Cantinflas”. También, por esa época, surgió Adelaido, el conquistador, que satirizaba al macho mexicano; y Memín Pinguín, que se valía de la representación estereotipada y hasta ofensiva de los afromexicanos.
Sin embargo, suele reconocerse a Gabriel Vargas como el creador del cómic completamente mexicano, autor de los Superlocos y, luego, la reconocida y exitosa tira cómica de La Familia Burrón (1948), donde todos sus personajes son conformistas, con excepción de Barola, quien siempre se rebela contra todo lo establecido.
En la década de los 60, con los Supermachos (1965), Rius inaugura una nueva temática, reconocible por su distinguido estilo tanto de dibujo como de lenguaje: la historieta política, donde ataca, de forma descarada, la religión, al gobierno y a la sociedad. Pero, con su obra –que incluye también a Los Agachados–, el autor no sólo critica, sino que crea conciencia de determinadas situaciones; no sólo entretiene, sino que también enseña.
Una nueva forma de arte
Si analizamos detenidamente, el cómic combina dos de las Bellas Artes: la pintura –de donde deriva el dibujo– y la literatura. Los creadores de historietas son personas que dominan la ilustración, con un estilo particular, que da como resultado una variedad de imágenes, desde dibujos caricaturescos hasta formas realistas.
Sea cual sea el estilo, el ilustrador emplea una serie de herramientas artísticas, que, junto con su talento, colaboran para crear el aspecto estético y final de la realización del cómic, como el papel, tintas, plumillas, pinceles. El proceso de elaboración implica una serie ordenada de pasos: se inicia con un boceto a lápiz, para, luego, delinear con plumilla o tinta; la realización de las viñetas requiere del uso de reglas u otros instrumentos de medición, que permiten lograr una armonía visual y equilibrada de la imagen. Aunado a esto, el dibujante posee y domina los conocimientos de anatomía, perspectiva, encuadres y documentación gráfica, pero, también, conocimientos de literatura, redacción, ortografía y documentación histórica o científica, incluso, hasta cuando se trate de temas de fantasía. Por ello, el cómic es considerado como el noveno arte.
Así, en su aparente sencillez, el cómic ha sabido tejer un lenguaje propio, combinando imagen y palabra, con una fuerza expresiva única. Lo que alguna vez fue considerado un medio menor o destinado sólo al entretenimiento, hoy, dialoga con las artes plásticas, la literatura y el cine, pues muchas de sus historias, sobre todo estadounidenses, se han llevado a la pantalla grande. Su historia es también la historia de una evolución cultural: la de una forma narrativa que ha sabido adaptarse, resistir y reinventarse, dejando una huella profunda en la imaginación colectiva.
El cómic está tan arraigado dentro de la cultura popular, sobre todo la estadounidense, que, en San Diego, California, anualmente, se llevan a cabo los Premios Eisner, durante la San Diego Comic Con, un evento que ha integrado, además de los cómics, la animación y el cine de éstos. Dicha premiación es considerada como los Óscares de la industria del cómic, con diversas categorías, y su nombre es en honor del dibujante Will Eisner.




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