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El primer viaje en globo aerostático. La historia de un sueño



Desde Leonardo da Vinci, en el siglo XV, el hombre ha soñado con volar por los aires… Finalmente, esto sucedió durante el Siglo de las Luces o la Ilustración, cuando los hermanos Joseph y Étienne Montgolfier, nacidos en Ardèche, Francia, comenzaron a experimentar, en 1782, con aire caliente, utilizando un trozo de tela que se elevaba, al encender fuego con lana y paja húmeda.

Un experimento exitoso

El primer vuelo aerostático de la historia fue un experimento realizado por los hermanos Montgolfier en Versalles, el 19 de septiembre de 1783. La idea surgió de la inspiración de Joseph, cuando observaba los calzones de su mujer tendidos en el campo junto a una fogata, los cuales se ondeaban con el viento, se inflaban y casi parecían levitar. Aunque Joseph no sabía qué era lo que provocaba tal elevación, parecía evidente que el secreto residía en dos cosas: el fuego y una tela abierta y ligera.

Otra versión de esta historia señala que, la idea surgió cuando los hermanos Joseph y Étienne jugaban sobre el fuego, con bolsas de papel en posición invertida. Así, descubrieron que las bolsas subían hasta el techo, lo cual hizo que Joseph experimentara con bolsas más grandes y de materiales más ligeros, hasta que se aventuró a construir su primer invento: el globo aerostático.

Básicamente, la primera prueba estaba formada por una barquilla rectangular de madera, la cual estaba cubierta de seda, pesaba 2.3 kilogramos y medía menos de 1.5 metros de altura. Como su primer intento tuvo éxito, decidió repetirlo por segunda vez, pero ahora con la ayuda de su hermano menor Étienne y utilizando una barquilla más grande de siete kilogramos.

En una de sus demostraciones, atrajeron la atención de la Académie Royale des Sciences, lo que llevó a que repitieran su experimento en París, frente al rey Luis XVI.

Luis XVI atestigua un tercer experimento

El tercer experimento se llevó a cabo frente al rey y su familia en la explanada del palacio, que estaba llena de curiosos. En esta ocasión, el globo estaba hecho de lona de algodón con papel pegado en ambos lados, medía 18.47 metros de alto por 13.28 metros de ancho y pesaba 400 kilogramos. Llevaba el nombre de Le Réveillon, en honor al amigo de Étienne, Jean-Baptiste Réveillon, quien era director de la Fábrica Real de papel impreso y había diseñado un motivo especial, sobre un fondo azul celeste, decorado con el cifrado del rey: dos letras L, entrelazadas y vinculadas con elementos decorativos, todo en oro.

Cabe decir que, como medida de precaución, las primeras pruebas fueron realizadas con animales a bordo. En ésta, se utilizó una oveja, un gallo y un pato, que viajaron dentro de una jaula que colgaba del globo.

Al son de un cañón, en punto de la una de la tarde, el gallo, la oveja y el pato entraron en una canasta redonda de mimbre, atada al globo con una cuerda. Once minutos después sonó un segundo disparo, que anunciaba el despegue de la canasta. En medio del asombro y los aplausos, el globo abandonó el suelo y se elevó 600 metros en el aire.

Después de ocho minutos de vuelo, el globo fue dañado por un desgarro en el tejido, lo cual lo llevó a descender lentamente y, luego de recorrer 3.5 kilómetros, volvió a tocar tierra en el Bosque de Vaucresson, en el cruce de Maréchal.

Jean-François Pilâtre de Rozier, médico y futuro aeronauta, se apresuró a recoger y examinar a los animales. No era del todo esperado, pero estaban vivos. La oveja, el pato y el gallo fueron aclamados como “héroes del aire” y, como recompensa, Luis XVI los incluyó en el Menagerie de Versalles, que era sólo para animales exóticos, raros y curiosos.

El hombre conquista los cielos

Poco tiempo después, la escalera que conducía a la cesta del globo estaba lista para los primeros pies humanos. Y así, frente al delfín en el castillo de La Muette, el 21 de noviembre de 1783, Pilâtre de Rozier se convirtió en el primer hombre en ser llevado a lo alto y flotar por los aires.

El globo fue lanzado con éxito y se elevó a unos 150 metros sobre los tejados de París; después de unos 25 minutos, el vuelo aterrizó a unas pocas millas de distancia sobre algunos viñedos.

Se sabe que, durante el lanzamiento, estuvo presente el político Benjamin Franklin, quien estaba de visita en París, como embajador de los Estados Unidos de América, por eso mismo, más tarde se reunió con los hermanos Montgolfier, para certificar en un informe de testigo que se envió a la Academia de Ciencias, una nueva página en la historia de la humanidad.

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