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Lo raro y maravilloso del color azul





Debido al cielo y a los mares, los cuales cubren la mayor parte de su superficie, la Tierra es considerada ‘el planeta azul’; sin embargo, irónicamente, y aunque pueda parecer difícil de creer, este color es el más escaso en la naturaleza, tal como lo explican diversas investigaciones, entre ellas, un artículo publicado en Live Science. Y es que, si se analiza con detenimiento, hay pocos animales, vegetales o minerales azules. Esto tiene su explicación en la forma en la que se produce la gama cromática y en cómo la percibimos. Asimismo, el hecho de que haya muy pocas fuentes naturales de las que se pueda obtener un tinte o un pigmento azulado ocasionó que este color, por siglos, fuera tan cotizado en el arte e, incluso, que, durante mucho tiempo, no hubiera una palabra para referirlo.


Todo empieza con la luz

La luz es una forma de energía y se expresa como radiaciones electromagnéticas que se propagan mediante partículas llamadas fotones. Éstos tienen más o menos energía, dependiendo de su longitud de onda: si ésta es mayor, menor será la energía del fotón, y viceversa. Es decir, la longitud de onda de un fotón es inversamente proporcional a su energía.


Dentro del espectro electromagnético, el campo perceptible para el ojo humano es el de la luz visible, que incluye las longitudes de onda que van desde los 400 a los 700 nanómetros. A cada una de estas diferentes longitudes de onda (con una energía específica) la percibimos de un color en particular. El conjunto de dichas longitudes de onda da como resultado la luz blanca, la cual, al dispersarse o descomponerse, origina la gama cromática.




Así, el primer color que vemos es el violeta, entre 400 y 450 nanómetros, con longitud de onda corta y, por lo tanto, el más enérgico. Le siguen el azul, el verde, el amarillo y el naranja hasta llegar al rojo, el de menor energía debido a que posee una longitud de onda más larga.


Los humanos vemos los colores porque, en cada uno de nuestros ojos, tenemos entre seis y siete millones de células sensibles a la luz, llamadas conos. Tenemos tres tipos de éstos y cada uno es más sensible a determinada longitud de onda: rojo, verde y azul.


Ahora bien, el color en la materia –que se percibe únicamente en presencia de luz– es una propiedad que se debe a dos factores:


Químico: Tiene que ver con la composición de la materia. Los objetos son capaces de absorber determinadas partes (longitudes de onda) del espectro lumínico que incide sobre ellos, y la porción que no es absorbida se refleja, proyectándose del color que le corresponde. Esta es la forma en la que percibimos el 99 % del color en el mundo.


Físico: Es el responsable de la coloración de ciertos animales, como mamíferos, mariposas y aves, y se produce por estructuras internas en la materia. Las distintas tonalidades dependen de la forma en la que están ordenadas dichas estructuras en la nanoescala y de su interacción con la luz.


Naturaleza azul

Entendiendo lo anterior, y reflexionando sobre la presencia de este color en la naturaleza –además del cielo y el mar–, nos damos cuenta de que, en efecto, hay muy pocos animales, flores, piedras o minerales azules, en comparación con otros colores.


En el caso de las flores azules, como el aciano (Centaurea cyanus), se ven así porque poseen una molécula que absorbe cantidades pequeñas de energía, es decir, la parte roja del espectro, y rechaza la azul. Sin embargo, este tipo de moléculas son grandes y complejas. Se calcula que, de las 300 mil especies de plantas con flor en el mundo, sólo el 10 % produce retoños azules.


Por su parte, en los minerales, la interacción de sus estructuras cristalinas con los iones determina las partes del espectro luminoso que absorberán y, por lo tanto, cuál será su color. El mayor ejemplo es el mineral lapislázuli, del que se obtiene el característico pigmento azul ultramarino, del que le hablaremos más adelante.


En los animales, particularmente en las mariposas, las aves, los peces, algunos moluscos –como los pulpos– y los reptiles, el azul se debe a las nanoestructuras de sus alas, plumaje o escamas, que manipulan las capas de luz, para que los demás colores se anulen entre sí. Por otro lado, el pelaje de los mamíferos es un caso especial y curioso, pues no hay ninguna especie que lo tenga de ese color; al menos, no a simple vista. Y es que se ha descubierto que el pelo de los ornitorrincos brilla en tonos entre azules y verdes cuando se expone a luz ultravioleta.


El azul en el arte y la cultura

La magnificencia y apreciación del azul no sólo se debe a su rareza en la flora y la fauna, y al asombro que causan sus tonos; también, tiene que ver con la dificultad de las civilizaciones antiguas para obtener tintes y pigmentos naturales de dicho color. Dado que no era reconocible ni podía ser creado por el hombre, la palabra para definirlo tardó en aparecer en las distintas lenguas madre del mundo, surgiendo después de otros colores, como el amarillo, el rojo o el verde, por ejemplo.


Las teorías de los historiadores sugieren que sólo se nombraba a los colores cuando éstos se podían teñir, y eso sólo ocurría cuando era posible hacer pigmentos a partir de una fuente natural; es decir, separar el color de su objeto, como el rojo, que se obtenía de las cochinillas trituradas. En el caso del cielo y el mar, no puede retirárseles su color; por lo tanto, no había manera de crear tintes.


Aunque, hoy en día, y gracias a la tecnología, sea muy fácil, común y existan diversos métodos para fabricar infinidad de pinturas en distintos tonos de azul, en la Antigüedad, fue muy complicado encontrar la fórmula; por ello, cuando se logró, fue considerado un color de alto estatus durante miles de años, que, a su vez, influyó de manera significativa en el arte.


El registro más antiguo sobre el uso de un tinte azul apunta hacia el Perú, hace unos 6 mil años; sin embargo, a lo largo de los siglos, en varias partes del mundo, ya sea por conocimiento o por casualidad, la búsqueda dio frutos, dando como resultado seis tonos que se han vuelto icónicos en la historia.


Azul egipcio

Fue el primer pigmento azul que se produjo sintéticamente, alrededor del año 2200 a. C., en el antiguo Egipto. Resultaba de la mezcla de sílice, carbonato de calcio, un álcali y un compuesto de cobre, calentada entre 800 y 1000 °C. Con esto, se generaba un cristal de color azul opaco, que, al triturarse y combinarse con claras de huevo o pegamentos naturales, se convertía en una pintura para cerámica, de larga duración. Era un proceso muy delicado, por lo que cualquier error podía dar lugar a un color verdoso en lugar de azulado.


El pigmento fue muy valorado para los romanos, quienes lo conocían como caeruleum; sin embargo, después de la época romana, dejó de utilizarse y la receta para producirlo se perdió, hasta que, científicos de los tiempos modernos lo investigaron, analizaron su química y lograron reconstruirlo. En 1809, el término inglés Egyptian blue se utilizó por primera vez para designar al color, equivalente a ‘azul egipcio’ en español.


En 2006, el científico Giovanni Verri descubrió, por casualidad, una cuenca de mármol griega, de 2 mil 500 años de antigüedad, cuyos pigmentos azulados, al observarlos a través de luz ultravioleta, emitían radiación infrarroja. Ser consciente de dicha propiedad, le permitió rastrear el color en las pinturas egipcias, incluso, si éste ya se hubiera desvanecido o hecho invisible; asimismo, se abrió una ventana hacia una nueva posible aplicación del azul egipcio en la biomedicina y en el desarrollo de láser.






Ultramarino

Este tono se obtiene del mineral lapislázuli, el cual se consigue sólo en Afganistán. Hace, aproximadamente, 6 mil años, los egipcios importaron la piedra a su territorio y la utilizaban como joyería u ornamento de tocados; no obstante, nunca fueron capaces de producir un pigmento a partir de ella, ya que pierde su color al ser triturada, pasando del azul al gris oscuro.


En el siglo VI, el pigmento del lapislázuli, también conocido como ‘azul verdadero’, se identificó como parte de frescos budistas, en Bamiyán, Afganistán. Setecientos años después, llegó a los puertos italianos –de ahí, su nombre de ultramar– y se convirtió en el color más cotizado en toda Europa; incluso, llegó a valer mucho más que el oro, por lo que se reservaba, exclusivamente, para colorear los ropajes de Cristo y de la Virgen María, en las pinturas religiosas.


Se dice que el pintor renacentista Miguel Ángel dejó inconclusa su obra El santo entierro debido a que no pudo costear el color ultramarino. Ante la alta demanda del pigmento y su elevado costo, en 1824, una asociación de Francia ofreció una recompensa, de 6 mil francos, a quien inventara una fórmula alternativa para obtener el ultramarino; el ganador fue un químico, quien nombró a su creación ‘ultramarino francés’, la cual comenzó a producirse masivamente en 1830.



Índigo

Es un tinte de tono oscuro, que, en tiempos remotos, se utilizaba para teñir textiles y se obtenía de la planta Indigofera tinctoria. Recibió el nombre de ‘índigo’, a inicios del siglo XVIII, por parte de Isaac Newton, quien decidió definir de esa forma a la franja más oscura del espectro de luz visible. El índigo sintético, producido a partir de síntesis químicas, se creó en 1880, volviéndose popular hasta 1913. Este color es fácilmente identificable porque es el tono clásico de los jeans.






Azul de Prusia

La tonalidad fue descubierta en el siglo XVIII, en Alemania, casi a la par de los hallazgos de Newton sobre el índigo. Un fabricante de textiles estaba trabajando en un pigmento rojizo a base de la cochinilla y diversos minerales. Uno de ellos, la potasa, accidentalmente, entró en contacto con sangre animal, y, para sorpresa del hombre, la mezcla de rojo con rojo no creó más rojo, sino que dio lugar al ferrocianuro férrico, un compuesto que se distingue por su potente color azul, el cual fue bautizado como Berliner blau o ‘azul de Prusia’.


Este color ha sido muy importante dentro del arte, especialmente para el pintor francés Jean-Antoine Watteau; el japonés Katsushika Hokusai, cuya obra representativa es La gran ola de Kanagawa; y Pablo Picasso, que utilizó ese tono en gran parte de las obras de su período azul (1901-1904).


En 1842, el astrónomo inglés John Herschel descubrió que el azul de Prusia tenía cierta sensibilidad a la luz y que podía ser tratado para crear copias de un dibujo; así fue como inventó la cianotipia, un procedimiento fotográfico en el que se consigue una réplica negativa de un original, la cual resulta en esta tonalidad. A dicha copia se le llama cianotipo o blueprint, en inglés.


Por otro lado, en la medicina contemporánea, las propiedades del azul de Prusia se administran en una peculiar píldora que funciona como antídoto contra el envenenamiento por metales pesados.





Azul YInMn

Al igual que el anterior, este tono, también, fue descubierto por accidente, hace poco más de una década. Fue en 2009 cuando el químico Mas Subramanian, profesor de la Universidad de Oregón, y uno de sus estudiantes, en medio de una investigación en busca de nuveos materiales para fabricar electrónicos, se percataron de que algunos de sus elementos se volvían de un azul brilloso cuando se calentaban. El nombre de la tonalidad es un acrónimo formado por los símbolos químicos de sus componentes: itrio (Y), indio (In) y manganeso (Mn); aunque, se le conoce, igualmente, como ‘azul de Oregón’ o ‘azul Yin Min’.


Este pigmento es duradero, seguro y fácil de producir; asimismo, posee una propiedad refrescante, por lo que se evalúa la posibilidad de poder utilizarlo en la construcción de techos frescos y amigables con el medio ambiente, en el futuro.



Klein internacional

Se llama así porque fue creado por el artista francés Yves Klein, quien, desde muy joven, se obsesionó con el cielo, lo cual definió parte de su obra, hasta el punto en el que, desde 1957, comenzó a pintar todo, exclusivamente, de azul, en un tono que él –con ayuda de un proveedor de pintura– fabricó, a partir del ultramarino francés con un aglutinante polimérico, consiguiendo una versión mate. Esta tonalidad, también, es conocida como IKB, por sus siglas en inglés (International Klein blue).


Parece increíble que un color tan común en nuestro tiempo, presente en todo tipo de artículos y textiles, en una gran variedad de tonos, haya sido sumamente complicado de conseguir en el pasado. Estamos seguros de que no volverá a ver al azul de la misma forma.





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