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Mafalda, el legado de Quino



“¿Qué importan los años?, lo que realmente importa es comprobar que, al fin de cuentas, la mejor edad de la vida es estar vivo”. La anterior es una de las tantas frases maravillosas de Mafalda, el dibujo más popular de Quino, ilustrador y humorista argentino, quien partió de este mundo el pasado 30 de septiembre, a los 88 años de edad, al menos en cuerpo, pues, tal como lo indican estas sabias palabras, sigue y seguirá presente a través de su pequeña Mafalda, quien cumplió 56 años de existencia un día antes del fallecimiento de su “padre”.

Mafalda es la protagonista de una serie de tiras cómicas que se publicaron entre los años 60 y principios de los 70, primero, en Argentina, tierra natal de su creador, y luego en el resto del mundo. Es una niña de seis años de edad, de clase media, que vive con sus padres y Guille, su hermano menor. Es inteligente, analítica, inconforme y un tanto rebelde; se caracteriza por reflexionar sobre la vida y los temas del mundo adulto; es toda una filósofa que invita a las personas reales a unirse a sus pensamientos. Le gustan los Beatles, los panqueques y el Pájaro Loco, y está a favor de la democracia, la justicia y los derechos de los niños. Por el contrario, detesta las armas, la guerra, la sopa y a James Bond.

Es la vocera de Quino, quien encontró en sus ilustraciones un medio de expresión que conjuga el humor y el sarcasmo. Y resulta curioso que rechace a la sociedad del consumo, pero, irónicamente, haya nacido, en principio, de un proyecto capitalista...

Trazos paradigmáticos

Joaquín Salvador Lavado Tejón, “Quino” para su familia, que le llamaba así para distinguirlo de su tío, quien también era ilustrador, dio sus primeros pasos como dibujante en 1954, cuando se trasladó desde su natal Mendoza a Buenos Aires, donde publicó con regularidad tiras de humor en distintos medios. Pero el momento clave de su carrera vino después de la publicación de su primer libro de recopilaciones, llamado Mundo Quino, pues, a través de una agencia de publicidad, recibió el encargo de realizar una serie de historietas acerca de una familia promedio, para promocionar, de manera encubierta, los electrodomésticos Mansfield, de la marca Siam Di Tella. Una de las condiciones era que todos los nombres de los personajes iniciaran con la letra M, así fue como surgió el dibujo de Mafalda, quien tendría apariciones esporádicas en una historia protagonizada por sus padres y su hermano mayor. Al final, la campaña nunca se realizó y Quino archivó sus ilustraciones hasta que, un año después, el editor del diario Primera Plana le pidió que realizara un trabajo de humor gráfico; entonces retomó sus bocetos y, luego de algunas modificaciones, Mafalda apareció por primera vez el 29 de septiembre de 1964, con una personalidad distinta a la que tenía cuando fue concebida al principio; ahora era una niña que cuestionaba todo e intentaba resolver quiénes eran los buenos y quiénes los malos. En las primeras tiras sólo aparecían ella y sus padres; el resto de los personajes se fue integrando paulatinamente por necesidades del libreto, según palabras de Quino.


En una entrevista al diario Clarín, Quino explicó que la personalidad de Mafalda fue su medio para criticar la hipocresía de la sociedad: “A uno de chico le enseñan cantidad de cosas que no deben hacerse porque están mal y hacen daño, pero resulta que, cuando uno abre los diarios, se encuentra con que los adultos hacen esas cosas, y ahí es donde se produce el conflicto”. Su rechazo por la sopa, por ejemplo, una “imposición” a la hora de comer, es una metáfora sobre el militarismo y el abuso político. Pese a su imagen infantil, nunca la creó pensando en entretener a niños, sino como una lectura para adultos.

En 1965, por diferencias de criterio con el editor, Quino mudó su trabajo a El Mundo, donde permaneció hasta diciembre de 1967, cuando el periódico cerró; para ese entonces, en el hilo de la historia, la madre de Mafalda estaba embarazada de Guille. Pese a no publicarse por casi seis meses, la trama avanzó, el bebé nació, y en 1968, volvieron Mafalda y sus amigos, ahora, en el semanario Siete Días Ilustrados. El éxito continuó, pero justo cuando estaba en su apogeo, Quino decidió simplemente dejar de dibujarla, pues ya estaba cayendo en la monotonía, quería evitar la repetición, el estancamiento y retomar su vida personal, ya que el proceso creativo le demandaba mucho tiempo.

Personajes con intención

El estilo del dibujo de las tiras de Mafalda está inspirado en dos cómics estadounidenses: Blondie, que trata sobre un matrimonio joven de clase media, con ilustraciones similares a las de Archie, y sobre todo en Peanuts, la saga de Snoopy y Charlie Brown, que incorpora personajes infantiles con una personalidad bien definida; eso es lo que trató de hacer Quino con cada uno de los amigos de Mafalda: su padre, trabajador, preocupado por los gastos del hogar y el sustento; Raquel, su madre, ama de casa; Felipe, el amigo un año mayor que ella, soñador, distraído, tímido, ingenuo y algo flojo; Manolito, niño ambicioso, materialista, pero no malintencionado, el clásico amigo usurero que hace negocio por todo; Susanita, chismosa, comunicativa, altanera y un poco engreída y superficial, sueña con casarse con un hombre rico y formar una familia; Miguelito, es un año menor que Mafalda, inocente, quejumbroso y reflexivo sobre cosas absurdas de la realidad; Libertad, revolucionaria, incluso más liberal que Mafalda, pero menos realista; Guille, travieso e inocente, y apasionado por la sopa.



Desde 1976, Quino alternó su residencia entre Italia, España y Argentina, dejó de dibujar definitivamente en 2006 y, por su labor con Mafalda, recibió las distinciones Legión de Honor en Francia y el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, en 2014.


La simpleza del trazado, combinada con la ternura y la habilidad de expresar una profunda reflexión o una fuerte crítica en pocas viñetas y diálogos simples y humorísticos fue lo que le otorgó a Mafalda su popularidad y el cariño de la gente no sólo en Argentina, sino en América Latina y Europa, pues sus críticas y reflexiones son aplicables en todas partes y en cualquier contexto, incluso en la actualidad, por eso, no pierde vigencia. Con ello, Quino comprobó a lo largo de su vida lo que descubrió cuando era pequeño: que algo tan simple como un lápiz podía crear cosas maravillosas; y es que, ante cualquier situación, apelando a la madurez que puede caber en una niña de seis años, coincidimos con las palabras del escritor Julio Cortázar: “No tiene importancia lo que yo piense de Mafalda, lo importante es lo que Mafalda piensa de mí”.

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