A las plantas también les gusta la música
- paginasatenea
- 5 ene
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¿Qué género es más efectivo para su crecimiento?

Imagine caminar por un jardín, al amanecer, y, de pronto, sentir el aire fresco, observar los rayos del sol dibujando las sombras delicadas sobre las hojas y las flores, cuando, a lo lejos, se comienza a escuchar una música suave y relajante. Un momento sublime tanto para el espectador como para las plantas que habitan el espacio, ya que ellas detectan vibraciones, de manera sutil, pero real, ante estos estímulos sonoros.
Durante siglos, los seres humanos hemos observado el mundo vegetal con admiración, a veces, proyectando emociones en lo que parecía silencioso; sin embargo, la ciencia moderna nos muestra que las plantas son sistemas vivos complejos, con una arquitectura interna que les permite percibir, reaccionar y adaptarse a su entorno, de maneras que apenas comenzamos a comprender.
Cada planta está formada por muchas células que trabajan juntas; estas tienen una pared hecha de celulosa, que las mantiene firmes y las protege. También, cuentan con grandes vacuolas, que guardan agua y nutrientes, y que ayudan a que la planta se mantenga erguida; y, además, poseen los llamados cloroplastos, que funcionan como pequeñas fábricas donde la luz del sol se convierte en alimento.
Las células, además, se comunican entre sí mediante unos canales muy pequeños llamados plasmodesmos, que permiten el paso de señales químicas; es como si dentro de la planta existiera una especie de “internet silencioso” que conecta a todas sus células, de donde surgen los tejidos, organizados en capas que cumplen funciones específicas:
· La epidermis, que protege y regula la transpiración mediante los estomas.
· El xilema y el floema, que transportan agua y nutrientes.
· El parénquima, el tejido fundamental que almacena energía y ayuda a reparar daños
.
Todo esto se combina en los órganos que constituyen a la planta:
· Las raíces, que exploran la tierra, expandiéndose a través de ella.
· El tallo, que sostiene a la planta y conduce sustancias.
· Las hojas, que producen oxígeno y nutrientes.
· Los flores, que aseguran la continuidad de la especie, con sus semillas y su polen.
¿Cómo “escuchan”?
Si la estructura de las plantas es fascinante, su relación con el sonido es aún más sorprendente, ya que las plantas no “escuchan” como nosotros, pero sí pueden detectar vibraciones de las ondas sonoras. Sus células poseen mecanorreceptores, que, a menudo, son pelos finos o estructuras moleculares en la membrana celular, que perciben movimientos en sus tejidos, que son un estímulo físico, que, al llegar, puede desencadenar respuestas químicas internas.
Algunos estudios han presentado que ciertas frecuencias y vibraciones pueden acelerar la germinación, favorecer la elongación de los tallos o, incluso, estimular el desarrollo de raíces más activas.
¿Qué tipo de música les gusta?
Se dice que los tonos suaves y continuos, como los que se encuentran en la música clásica o en piezas instrumentales ambientales, parecen ser los más favorables, junto con las vibraciones graves y regulares, son las que producen un efecto positivo en el crecimiento sin generar estrés.
Algunos experimentos indican que las frecuencias con mayor intensidad de vibración pueden ser las más beneficiosas, sin dejar de lado que es importante mantener el volumen de la música en un nivel moderado.
Por el contrario, ritmos intensos, percusiones fuertes o volúmenes altos pueden alterar los procesos internos de la planta, provocando un estrés mecánico que reduce la eficiencia biológica en algunas especies, así como la música alta durante tiempos prolongados; por lo tanto, el efecto de las vibraciones se relaciona con cambios hormonales y metabólicos.
La exposición a frecuencias adecuadas puede aumentar la producción de auxinas y giberelinas, hormonas que regulan el crecimiento celular. Asimismo, se ha observado que ciertas vibraciones pueden mejorar la eficiencia fotosintética y la absorción de nutrientes, convirtiendo a la música en un estímulo físico que activa circuitos internos de la planta, aunque de manera silenciosa y casi imperceptible para nuestros sentidos; sin embargo, estos estudios son preliminares y realizados en condiciones controladas.
Un ejemplo particularmente destacado lo ofrece un estudio a largo plazo, realizado por el biólogo Stefano Mancuso, de la Universidad de Florencia, quien ha presentando teorías sobre la inteligencia de los vegetales y ha observado a plantas expuestas a música clásica durante diez años. Los resultados mostraron que estas plantas desarrollaron unas hojas de mayor tamaño y fueron más fructíferas que aquellas que crecían en silencio. Su trabajo fue una aportación a los nuevos estudios e investigaciones sobre cómo la música puede actuar como un modulador del crecimiento de las plantas.
Lo más asombroso es que la mayoría de estos procesos ocurre sin movimiento evidente, ya que las plantas parecen permanecer estáticas, pero, dentro de ellas, fluye un movimiento constante de células que se dividen, agua que asciende por los tallos, cloroplastos que capturan luz y hormonas que coordinan el crecimiento. Por ello, cada planta requiere un cuidado especifico para su vida y una condición ambiental propicia para su crecimiento, sin olvidar que la música adecuada podría ser un modulador de sus ritmos internos; una especie de conversación vibratoria entre el mundo externo y lo que permite la biología vegetal.
Aun con todo lo anterior, resulta fundamental señalar que muchos de estos hallazgos siguen siendo materia de estudio y no se consideran conclusiones científicas definitivas, aunque no cabe duda de que las plantas son organismos de sistemas inteligentes, sensibles al entorno y capaces de responder a estímulos físicos, como la luz, el agua, el tacto y, por lo tanto, al sonido. Comprender cómo están hechas y cómo interactúan con las vibraciones de su entorno nos permite acercarnos a ellas con una mirada más respetuosa y fascinada.
La próxima vez que ponga música suave en el jardín o en casa, será bueno recordar que no sólo está creando un ambiente agradable para usted, sino que podría estar, sutilmente, acompañando a las plantas en su propio crecimiento.




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