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Muñecas María, el rostro de nuestra cultura


Las encontramos a la venta en mercados de artesanías, en los pueblitos y, en ocasiones, en puestos informales montados sobre las banquetas, atendidos por mujeres indígenas. Se les conoce con varios nombres y son originarias de tres estados de la República Mexicana, aunque son populares en todo el país e, incluso, han conquistado otras naciones del mundo con su dulzura, demostrando la riqueza y belleza cultural de nuestro México. Nacieron siendo un juguete, sin embargo, se han convertido en un objeto coleccionable u ornamental, de valor inigualable.


Hijas del mestizaje

La elaboración de muñecas es una práctica que existía desde la época prehispánica como un medio de entretenimiento o como parte de rituales religiosos. Estaban hechas con materiales orgánicos; su cuerpo era de arcilla, vestían ropa de palma y tenían cabellos de maíz. Según se dice, los niños fallecidos eran enterrados con ellas para que los protegieran de los malos espíritus durante su camino al inframundo.


Después de la Conquista, la fusión de culturas dio como resultado todo lo que hoy conforma el folclore mexicano, el cual incluye, por supuesto, los juguetes típicos, entre los que destacan las muñecas de trapo, hijas de la tradición indígena y la novohispana. El dato exacto sobre su lugar de origen es incierto, sin embargo, son tres estados a los que se les atribuye el crédito: Michoacán, Querétaro, específicamente en el municipio de Amealco de Bonfil, y el Estado de México, por obra de los artesanos de las comunidades mazahua y otomí.


Estas muñecas fueron concebidas como una alternativa mucho más económica y sencilla ante las que se ofrecían en los mercados, las cuales estaban hechas de porcelana y se vendían a precios elevados debido a que se importaban desde España. Así, las mujeres mazahuas y otomíes crearon una muñeca no sólo más barata, sino que también reflejara a la población autóctona y sus tradiciones. Se les ha nombrado María porque a las mujeres indígenas que salen a las calles a vender éste y otro tipo de artesanías se les llama “Marías”.


Confeccionando una muñeca

Las muñecas de trapo mexicanas han ido perfeccionándose con el paso del tiempo; actualmente se elaboran a base de popelina y relleno de borra. La cabeza, el tronco y las extremidades se confeccionan por separado y después se unen para formar todo el cuerpo. Las muñecas originales eran morenas, pero, debido a las preferencias de los compradores, se han hecho más populares las de piel más clara.


El rostro se hace con recortes de tela, los cuales se bordan a la estructura principal. Tiene un diseño sencillo, apoyado en las figuras geométricas: ojos circulares de color negro, nariz triangular roja, y boca, también roja, con forma de “v”. Esto hace que las muñecas tengan un aspecto tierno e infantil.


Para el cabello, se utiliza estambre, generalmente de color negro, aunque también puede ser café oscuro, marrón y hasta rubio. Están peinadas con dos trenzas que se entrelazan con listones de colores brillantes, con los cuales se forma una llamativa corona, principal distintivo de estas muñequitas.


El diseño de la ropa depende de los estampados de la tela que se utilice y, sobre todo, de la creatividad del artesano, pero, básicamente, visten una blusa bordada y una colorida falda, las cuales contrastan con los tonos de la corona de listones. Existe una versión masculina de estas muñecas, que porta un sombrerito de mimbre y viste una camisa y un pantalón de manta.


Cabe mencionar que las muñecas María se elaboran totalmente a mano y no se utiliza pegamento, sino que todo se cose con hilo. Esto es con la intención de preservar y hacer valer el proceso artesanal. Ninguna es igual a otra, y en cada una de ellas se queda inmortalizada una parte de la persona que la confeccionó. Las hay de diferentes tamaños, desde los tres hasta los 45 centímetros de altura.


La celebridad de Amealco

En el municipio de Amealco, en Querétaro, esta muñeca no se llama María, sino Lele, que, en otomí, significa “bebé”; el nombre resulta muy adecuado dada la ternura que transmite. Se elabora, principalmente, en las comunidades de Santiago Mexquititlán y de San Ildefonso Tultepec. De este último lugar también es originaria Dönxu, otra muñeca de trapo otomí, que nació, según los artesanos locales, 20 años antes que Lele, pero que no ha tenido la misma fama que ella. Se diferencia de Lele en las proporciones del cuerpo, ya que su cabeza no es tan grande ni tan redondeada, además de que simula estar de pie y no sentada.


Su vestimenta también es distinta. Generalmente, luce una blusa blanca larga, plisada en la parte inferior. Debajo de ésta, a modo de segunda capa, lleva una falda tableada, que, a su vez, cae por encima de una tercera falda, la cual tiene corte recto y un bordado con la imagen de la flor del maguey. Al igual que Lele, está peinada con trencitas, pero, en lugar de portar la corona de listones, lleva un sombrerito de mimbre. Su rostro no incorpora piezas geométricas de tela, sino que está trazado con bordados de hilo: dos líneas horizontales para sus ojos; una vertical para la nariz y una curveada para la boca.


Ambas muñecas son el mayor orgullo artesanal de Amealco y de Querétaro, por lo que, el 18 de abril de 2018, fueron nombradas Patrimonio Cultural del estado. Asimismo, en el centro histórico del municipio, se encuentra el Museo de la Muñeca Artesanal, que muestra distintas versiones de Lele y Dönxu, así como muñecas tradicionales de otros estados de México, como: Veracruz, Chiapas, Guerrero, Nayarit, Jalisco, Quintana Roo, Sinaloa y Oaxaca. También exhibe a los ejemplares que han ganado los primeros lugares en el Festival Internacional de la Muñeca Artesanal y tiene un espacio dedicado a la promoción de pinturas al óleo, hechas por reconocidos artistas locales.



Lele, por el mundo
Durante el año 2019, una enorme muñeca Lele, de seis metros de altura, creada por artesanos queretanos, viajó por distintas ciudades del mundo, con el fin de dar a conocer su historia y las tradiciones de México. Primero llegó a Europa e hizo paradas en Madrid, España, y en Londres, Inglaterra. Después se trasladó a Asia y arribó a Shanghái, China; y su última parada, antes de regresar a su tierra natal, fue Oceanía, en la urbe de Sídney, en Australia.
La muñeca se exhibió en plazas abiertas, para que los curiosos pudieran tomarse fotos con ella; además, se puso a su disposición un código QR, que direccionaba a un sitio con información en distintos idiomas, así como a una tienda virtual oficial, para que, en caso de que lo desearan, compraran un ejemplar.

Debido a su delicado proceso de elaboración, hoy día, el precio de una muñeca Lele o María le puede parecer un poco caro al comprador, pero lo cierto es que éste apenas roza lo justo por tan admirable trabajo. El hecho de que los clientes regateen los costos denigra y desprestigia la labor de los artesanos y el producto. Otro factor que agrava la situación es la piratería y la apropiación cultural que hacen las grandes empresas extranjeras. Hace un tiempo, una tienda departamental intentó vender copias importadas desde China, sin embargo, los artesanos mexicanos tomaron acciones legales para que fueran retiradas de ese mercado y para proteger la propiedad intelectual y cultural de la muñeca, porque ella es, orgullosamente, ¡otomí, mazahua y mexicana!



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