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Museo de Relaciones Rotas


Un espacio que convierte los objetos de recuerdo en una forma de arte conceptual





Terminar una relación sentimental es un proceso difícil y cada persona vive ese duelo de manera diferente. En ocasiones, un factor que nos impide superar la ruptura y dejar de pensar en la expareja es el conservar o tener cerca aquellos objetos que nos la recuerdan –ya sean regalos, alguna cosa que haya adquirido un significado para ambos o de una experiencia en particular, fotografías, ropa, etcétera–, por lo que muchos terapeutas recomiendan desecharlos.


Por otro lado, las musas de todo arte son los sentimientos –la alegría, el miedo, el amor, la tristeza, entre otros–, materializados en diferentes formas de expresión que puedan ser contempladas por otros. Es así que, de la unión de estos dos fenómenos, es decir, los recuerdos físicos y la inspiración que deriva en arte, surge el concepto del Museo de las Relaciones Rotas, que expone objetos que tuvieron una historia especial dentro de una relación infructuosa. En otras palabras, es una galería que exhibe los regalos o pertenencias de los ex o que nos los recuerdan.


Se ubica en Zagreb, capital de Croacia y sede cultural del país, y su vasto acervo se ha ido juntando gracias a las donaciones de miles de personas alrededor del mundo, quienes han encontrado en el museo un medio para deshacerse de dichos objetos, sin tirarlos necesariamente a la basura, y de compartir sus historias, convirtiéndose en “artistas”, con algo en común: todos tienen el corazón roto.


Una idea para sanar

Este peculiar museo surgió a partir de la propia experiencia de sus creadores, los artistas croatas Olinka Vištica, una productora de cine, y Dražen Grubišić, un escultor. Ambos habían sido pareja durante cuatro años, pero terminaron en 2003, en buenos acuerdos. Fue así que, tiempo después, se les ocurrió hacer una exhibición temporal de los objetos que habían sido importantes en su relación, junto con algunos otros pertenecientes a los noviazgos fallidos de sus amigos. De este modo, en 2006, iniciaron una exposición itinerante, primero, por Croacia, y en los siguientes años, en otros países, como Argentina, Bosnia-Herzegovina, Alemania, Macedonia, Filipinas, Serbia, Singapur, Eslovenia, Sudáfrica, Turquía, Inglaterra y Estados Unidos. En cada uno de estos viajes, la gente les fue otorgando nuevos objetos, por lo que su colección se fue haciendo cada vez más grande.


Al finalizar la gira, y debido al buen recibimiento que tuvo su proyecto, los creadores solicitaron el apoyo del Ministerio de Cultura de Croacia para encontrar un lugar para establecer el museo, de forma fija, sin embargo, al no obtener respuesta, decidieron alquilar un espacio, de 300 m2, al interior del hermoso Palacio Kulmer, de estilo barroco, en la Ciudad Alta de Zagreb, una zona rica en atracciones turísticas y culturales. Así, en 2010, se abrieron las puertas de la exhibición permanente, que, cada año, recibe a cantidad de visitantes locales y extranjeros.


Más allá de ser un lugar que expone diferentes tipos de objetos, acompañados de una explicación, la misión del museo es ser una especie de terapia que ayude a las personas a sanar su corazón roto, a superar la ruptura y a cerrar el ciclo, a través de la creación y la empatía. Para los donantes, contar la historia de su objeto les permite expresar aquello que aún los lastima o que guardan en su interior, resultando en una experiencia liberadora.


Por su parte, los visitantes –que, seguramente, han tenido alguna decepción amorosa en su vida– se pueden sentir identificados con las vivencias de otros, lo que les ayuda a tener una perspectiva y un entendimiento diferente de la situación. Y es que, a fin de cuentas, los patrones amorosos siempre tienden a repetirse. Y así como habrá historias similares a la nuestra, también, las habrá peores, lo que puede hacernos sentir mucho más afortunados.


El programa para recolectar artículos está siempre abierto, por lo que constantemente reciben material nuevo. Eso es, quizá, uno de los valores agregados del museo, pues se enriquece, día a día, de artículos e historias, que ofrecen al público todo tipo de experiencias, desde las más románticas hasta las más tristes o descabelladas, por lo que ninguna visita es igual a la anterior. Cabe mencionar que todas las donaciones se convierten en patrimonio del museo, por lo que ya no se devuelven a sus propietarios originales; asimismo, para cuidar la identidad e integridad de las personas, todo se exhibe de forma anónima.


Objetos increíbles

Aunque los recuerdos materiales clásicos de una relación pueden ser peluches, cartas, fotografías, ropa, llaveros o, quizá, tazas, este museo ha demostrado que cualquier cosa puede tener un significado especial, por lo que hay objetos bastante peculiares o que ni siquiera nos hubiéramos imaginado que alguien pudiera atesorar. Por ejemplo, La costra de la herida de mi primer amor, de 27 años de antigüedad, que fue donada por una chica de Austria y que fue producto de una relación que tuvo con un motociclista, entre 1990 y 1993. La descripción dice así:


En 1990, mi amigo, mi primer amor, tuvo un accidente de moto. Las consecuencias fueron varios raspones, que dejaron grandes costras. El accidente me impactó, aunque no le pasó nada serio. Desde entonces, me acechaba un miedo de que pudiera perder a mi amado. Por esa razón, guardé una de sus costras cuando se le cayó, con la idea (no tan en serio) de que, en caso de ser necesario, lo pudiera clonar. En ese entonces, yo estudiaba biología. Mi preocupación constante por él, al final, hizo que nos separáramos; paradójicamente, mi miedo provocó aquello a lo que más le temía. He guardado la costra por 27 años. En ese tiempo, me he convertido en una bióloga. De cualquier manera, el deseo de clonar a mi expareja ya no existe, pero todavía estoy luchando contra mis miedos.







Otro objeto interesante –entre muchos– son unas rastas, cuyos nudos simbolizaban el compromiso nupcial de la pareja. Las historias son muy curiosas de leer, pues están presentadas tal cual las escribieron los donadores, por lo que los estilos y las formas de expresión son diferentes, agregando un toque especial a la narración y ayudando a entender, aún más, los sentimientos que evocan los objetos y su papel dentro de la relación.


Un museo, distintas plataformas

Además de la exposición fija en Zagreb, el museo cuenta con dos opciones para admirar su colección: la online, a través de su página web, brokenships.com, donde se pueden encontrar más relatos como el que le presentamos arriba; y mediante los tours mundiales que constantemente se organizan. La primera vez que el Museo de Relaciones Rotas estuvo en México fue en 2014, donde sumó más de mil 500 artículos más a su acervo, pero este 2022, regresa por segunda ocasión, con el apoyo del Museo del Objeto del Objeto (MODO).


Le exposición estará disponible del 18 de octubre de este año hasta el 28 de febrero de 2023, en las instalaciones del MODO, ubicado en Colima #145, colonia Roma Norte, alcaldía Cuauhtémoc. Si usted tuviera que donar algo, ¿qué sería?



En 2010, El Museo de Relaciones Rotas fue galardonado con el premio EMYA Kenneth Hudson, otorgado por el European Museum Forum, por ser el proyecto más innovador y atrevido en Europa.

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