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Eliminando las toxinas de la casa




Hablando en términos médicos, las toxinas se definen como sustancias químicas tóxicas o venenosas producidas por un organismo, aunque, ahora, ya también pueden desarrollarse de manera sintética. MedlinePlus indica que la mayoría de las toxinas que causan daños a los humanos proviene de microorganismos, como las bacterias, o de metales, como el plomo, y de ciertos químicos orgánicos en el medio ambiente.


Pero existen algunos elementos o entidades diferentes a las sustancias antes mencionadas, que también afectan al bienestar de las personas y generan, por decirlo así, “un ambiente tóxico” a su alrededor, por lo que también podemos referirnos a ellos como “toxinas”. Se encuentran en nuestra propia casa y se trata de artículos que estorban, que ya no aportan nada, generan desorden, basura y un ambiente desorganizado. Esto, aunque no lo crea, de cierta manera, también daña la salud, pues altera la paz, causando irritabilidad, ansiedad, estrés y otras sensaciones negativas.


Los productores de las toxinas de la casa somos nosotros mismos y todas las personas que viven en ella, motivados por un principal factor: el apego. Y es que nos cuesta deshacernos de las cosas, ya sea porque les atribuimos un valor emocional exagerado, porque pensamos que pueden servir en el futuro, porque sobreexplotamos su función y tiempo de vida, y/o porque nos acostumbramos tanto a la misma “decoración” o a ver esos artículos en el mismo lugar, que percibimos como extraño el cambio.


Entonces, el primer paso para eliminar las toxinas de la casa es desapegarnos de las cosas y reconocer que muchas de ellas ya no tienen cabida en nuestra casa. Ahora, si bien cada persona tiende a acumular cierto tipo de objetos, hay algunos que son comunes para todos, por lo que las principales toxinas del hogar son:


·       Ropa interior rota: El hecho de que los demás no vean las roturas de los calzones, brasieres o camisetas, no significa que debemos guardarlos para siempre. Si la ropa interior está demasiado rota, desteñida, estirada, deshilachada, etcétera, elimínela de su cajón y haga espacio para nueva. Verá que hasta se sentirá mejor al lucirla.


·       Zapatos desgastados: El calzado es parte de nuestra “carta de presentación”, por lo que, si se quiere dar una buena imagen, es preciso mantener los zapatos limpios y en buen estado. Sin embargo, es verdad que, en ocasiones, solemos negarnos a tirar ciertos pares que nos gustan demasiado, aunque el desgaste que presenten sea, incluso, irreparable con un zapatero. No los conserve más. Esto aplica para bolsos, ropa y accesorios en mal estado.  


·       Cosas que ya no se ocupan: Este punto tiene dos variantes; una se refiere a artículos en buen estado, que sirven, pero que ya no utilizamos y que están ahí, ocupando un lugar. La otra vertiente se refiere a objetos obsoletos, como, quizá, celulares viejos, computadoras, electrónicos, etcétera.


·       Papeles, notas, cartas, revistas, periódicos y hasta libros viejos: Después de un tiempo, hasta olvidamos por qué guardamos tal ejemplar, así que, si sólo se acuerda que tiene este tipo de artículos justo cuando está haciendo limpieza o escombrando, es momento de desecharlos. Si no los necesitó antes en un buen tiempo, no lo hará ahora. En cuanto a los libros, seguro, ya hay ediciones más recientes; conserve sólo aquellos que sean muy escasos, le importen demasiado y/o ya no puedan encontrarse.


·       Plantas muertas o dañadas: A veces, cuando nuestras plantitas ya han muerto, nos aferramos a seguir cuidándolas, pensando que podrán revivir. Hay ocasiones en las que eso ya no sucede, por lo que es mejor plantar una nueva y empezar de cero.


Al eliminar estas y otras toxinas de su casa, notará que su salud y su estado de ánimo mejorarán, tendrá paz mental, disminuirá el estrés, aumentará su capacidad de razonamiento y creatividad, y tendrá un espacio más ordenado y despejado.


Recuerde que, en función del estado del artículo que se quiera desechar, se puede donar, regalar, revender, o bien, tirar. Si está dudoso sobre si deshacerse o no de algún objeto, ayúdese contestando estas preguntas: ¿qué relación tengo con él, hoy en día?, ¿qué significa para mí?, ¿lo ocupo con frecuencia? o ¿cuánto tiempo tiene que no lo uso?, ¿me afectará deshacerme de él?


Comience ya con el plan “détox” de su hogar.

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