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¡Hasta pronto, O Rei!



La máxima estrella del futbol de todos los tiempos, ahora, brilla en el cielo




Su idioma, el futbol; sus dominios, las canchas; sus súbditos, los aficionados de todo el mundo; el rey, Pelé, quien, a diferencia de los miembros de la realeza de cualquier monarquía, no obtuvo su título por herencia familiar, sino por sus logros, su maestría con el balón, su habilidad para anotar goles, su capacidad de regalar las más profundas emociones a los espectadores ya fuera en la derrota o en el triunfo, y por su curioso efecto de causar temor y, a la vez, admiración en sus adversarios.


El rey murió el pasado 29 de diciembre, a consecuencia del cáncer de colon que lo aquejaba desde años atrás y por el cual permaneció un mes internado en el hospital Albert Einstein, en São Paulo, Brasil, donde falleció. La noticia fue dada a conocer por una de sus hijas, Kelly Cristina Nascimento, a través de un breve pero emotivo mensaje de despedida hacia su padre, en Instagram: “Todo lo que somos es gracias a ti. Te amamos infinitamente. Descansa en paz”.


Afortunados aquellos que compartieron la cancha con él, como compañero o como rival, y quienes lo vieron jugar desde las tribunas o desde la pantalla del recién llegado televisor, primero, a blanco y negro y, después, a color. Y es que no fue un jugador cualquiera; rompió récords que ningún otro ha superado aún: fue el más joven en debutar con la selección nacional de su país en una Copa Mundial y en ganarla, y en conquistar tres de estas justas a lo largo de su carrera; además de ser el único que no necesitó de Europa para alcanzar el éxito y volverse, sin duda, el mejor futbolista del siglo XX.


Su historia fue la de un ‘plebeyo’ destinado por todos los ‘santos y por el cosmos’ –más adelante comprenderá esta metáfora– a convertirse en el rey que fue, es y será por siempre.


“No olvides los calcetines de tu madre”


Edson Arantes do Nascimento nació el 23 de octubre de 1940, en Três Corações (Tres Corazones), una pequeña localidad de Minas Gerais, en Brasil. Fue nombrado así en honor del inventor de la bombilla, el estadounidense Thomas Alva Edison, porque, por las fechas de su nacimiento, la tecnología de la luz llegó a su barrio. ¿Coincidencia?, ¿casualidad?, pues, años más tarde, Edson se convertiría en una luz brillante no sólo para el futbol brasileño, sino para el mundial.


Su madre, Celeste, era una mujer dedicada, en cuerpo y alma, al hogar; mientras que su padre fue João Ramos ‘Dondinho’, un futbolista profesional de aquel tiempo. De hecho, fue por él que el pequeño Edson decidió practicar y dedicarse a ese deporte, pues quería ser como su progenitor.



Desde pequeño, demostró habilidades para el futbol; tan así que, a los 10 años de edad, ya era una celebridad local. Jugaba en una ‘cancha’ muy similar a la de muchos niños humildes que se divierten sintiendo que ellos son sus grandes ídolos: un extenso terreno arenoso, con porterías improvisadas, armadas con palos de bambú. Ahí, pasaba horas con sus amigos, pateando una pequeña bola de tela, hecha con los calcetines de su madre; así lo contó el propio Pelé, en una carta que le escribió a su ‘yo joven’, publicada por The Player’s Tribune: “No te alcanza para comprar un balón. Por eso te dije que no debes olvidar los calcetines de tu madre. Tu familia tiene muy poco dinero, así que tú te harás una pelota, metiendo periódicos viejos dentro de los calcetines”.


La mala situación económica familiar tampoco le permitía darse el lujo de tener unas “botas de futbol”. Su padre había sufrido una fractura que le obligó a dejar de jugar, así que Edson salía a las calles, a limpiar los zapatos de la gente, para llevar un poco de dinero a casa.


Pero todo cambió en 1956; tanto su vida como la historia del futbol sufrirían una gran revolución. Con aún 15 años de edad, Edson se trasladó a la ciudad costera de Santos, donde cumplió dos de sus más grandes anhelos: conocer el mar y convertirse en jugador profesional. Fue fichado por el Santos, al que le fue siempre fiel. De ahí, su carrera despegó.



El surgimiento de Pelé

Su nombre era Edson, su familia le decía Dico, pero el sobrenombre con el que se dio a conocer fue Pelé, el cual, irónicamente, al inicio, no le gustaba y hasta llegó a pelearse con otro muchachito de su escuela por llamarlo así. Algunos medios indican que dicho apodo surgió como una burla por su apariencia, pues era delgado y bajito; sin embargo, en la carta a su yo joven, él aclaró que fue por un error al hablar. Estaba platicando con sus amigos, acerca de futbol, y cuando se quiso referir a José Lino da Conceição Bilé, portero del Vasco de São Lourenço, su mala dicción hizo que pronunciara Pelé en lugar de Bilé, y sus amigos comenzaron a llamarle así.



El conquistador de Mundiales


Después de una exitosa y llamativa actuación en su primer año con el Santos, Pelé fue convocado para formar parte de la selección brasileña para el Mundial de Suecia 1958, donde anotó su primer gol con la verde-amarela, con el número 10 en la espalda, en cuartos de final, contra Gales, cerrando el marcador uno a cero y consiguiendo el pase al siguiente partido. En semifinales, hizo tres de los cinco goles con los que Brasil venció a Francia; y en la final, fue autor de dos goles de cinco, que significaron el triunfo ante el país anfitrión. Esa fue su primera Copa del Mundo, en la que se convirtió en el jugador más joven en participar y en levantar el trofeo.


Fue en este momento cuando Pelé recibió la corona; pues, debido a su majestuoso desempeño en Suecia, la revista francesa Paris Match comenzó a referirse a él como ‘El Rey’; apodo que, rápidamente, fue aceptado por expertos y por la afición.


Para la justa de Chile 1962, Brasil volvió a coronarse campeón, con Pelé como seleccionado nacional, que había llegado como la gran figura de la Canarinha, ya con 21 años; sin embargo, en esa ocasión, casi no jugó debido a que sufrió una lesión apenas en el minuto 25 del segundo partido, contra Checoslovaquia. El primer encuentro lo disputó contra México, que terminó dos goles a cero, a favor de la escuadra brasileña, uno de ellos, cortesía de Pelé.


Para el Mundial de Inglaterra 1966, Pelé ya había consolidado su fama como uno de los mejores jugadores del momento y era el rival a vencer. Los equipos sabían que, para ganarle a Brasil, había que detener al número 10. La Canarinha disputó únicamente los tres partidos de la fase de grupos, contra Bulgaria, Hungría y Portugal, respectivamente, ganando sólo el primero. En el último encuentro, el portugués João Pedro Morais tenía la misión de bloquear al brasileño, y lo hizo cometiéndole dos violentas faltas. Debido a eso, tuvieron que cargar a Pelé fuera del campo, y aunque reingresó, le costaba apoyar su pierna derecha, lo que evidentemente afectó su desempeño.


Pelé venía de ganar dos Copas del Mundo consecutivas, pero, tras sus lesiones y la decepción en Inglaterra '66, decidió que no volvería para el torneo de 1970; tres Mundiales le habían sido suficientes. Qué inocente fue al adelantarse a declarar eso; pues por supuesto que regresó. México '70 fue su despedida con la verde-amarela, y vaya que se retiró como los grandes, en la cima, llevando su tercera copa a casa.



México ‘70, el Mundial de su vida


“Ganar la Copa del Mundo es un sueño para ti y tu país”, escribió Pelé sobre su triunfo en Suecia 1958, en la carta a su yo joven. De México ‘70, le dijo: “Volverás a llorar, porque será tu último Mundial. Esas serán lágrimas diferentes. Esta vez será más difícil para ti emocionalmente. ¿Qué pasará? No te lo voy a contar. Hay cosas que no se pueden explicar”.


En 1964, se instauró la dictadura militar en Brasil, con el general Emilio Garrastazu Médici al frente, quien quería acercarse a una figura querida por el pueblo brasileño, como una estrategia para ganar simpatía; asimismo, había prometido que ganarían la Copa Mundial de México 1970. Para ello, necesitaba a la estrella de la Canarinha, pese a que había dicho que no participaría en más Mundiales.



Médici mandó a llamar a Pelé a numerosas citas, para tratar de convencerlo de que volviera a la selección, y tras varios encuentros, el astro aceptó. A lo largo del torneo, siendo ya un jugador experimentado y maduro, no jugó en una sola posición, sino que se desplazó por todo el campo. El primer partido fue contra Checoslovaquia, que terminó cuatro a uno, a favor de los brasileños, con un gol de Pelé. En el segundo encuentro, la verde-amarela venció al entonces campeón del mundo, Inglaterra, uno por cero; y en el cierre de la fase de grupos, en donde Brasil se impuso ante Rumania, con tres goles, O Rei fue el autor de dos.

En cuartos de final y en semifinales, la maestría de Pelé ayudó a que su selección triunfara sobre Perú (4-2) y Uruguay (3-1), respectivamente, consiguiendo el pase al encuentro definitivo antes de levantar la copa. Sería contra Italia, que sucumbió ante Brasil, cuatro por uno, nuevamente gracias al brillo del astro brasileño. Al respecto, reconociendo el talento de su adversario, el defensa italiano Tarcisio Burgnich declaró: «Yo había pensado, para darme ánimo, “Pelé es de carne y hueso, como yo”. Estaba equivocado».


Qué gran honor para México y el Estadio Azteca ser el escenario en donde O Rei levantó su última copa mundial, ante la mirada eufórica de brasileños y aficionados de todo el mundo, felices de presenciar una retirada digna de un rey. Por esta y otras razones, Pelé siempre le guardó un cariño muy especial a nuestro país: “Sólo me faltó ir a la Luna, pero un lugar que nunca olvido es México”.


Por siempre, en América


Dicen que un elemento clave para la consolidación de la carrera futbolística de un jugador es migrar a Europa, pero Pelé demostró que eso no es verdad. Durante 18 años, le fue fiel al club que confió y le dio la oportunidad a aquel Edson de 15 años, en 1958: el Santos, donde permaneció hasta 1974. Pese a que, en todo ese tiempo, recibió jugosas propuestas por parte de equipos europeos, como el AC Milan y el Real Madrid, entre otros, él siempre las rechazó. ¿Sus razones? “… Me encantaba el arroz con frijoles que hacía mi mamá, me sentía cómodo y feliz en mi país. Mi papá y mi mamá vivían a pocos metros de nuestra casa, la temperatura siempre era de 25 grados y la playa era estupenda”, así lo confesó en el libro Pelé. Porque el fútbol importa, escrito por Brian Winter.


Sólo en 1975, aceptó mudarse a Nueva York, para jugar en el Cosmos, siendo uno de los futbolistas mejor pagados del mundo.


Se retiró del futbol en 1977, a la edad de 36 años. Su último partido tuvo lugar el primero de octubre, en un encuentro entre el Cosmos y el Santos, los dos clubes de su vida. Aquel evento fue todo un espectáculo, un acto solemne, en el que importó más la emotividad de la despedida que el juego en sí. O Rei sirvió medio tiempo al Cosmos, y los otros 45 minutos los corrió con la playera del Santos.


Logros y reconocimientos


A lo largo de su carrera, sumó un total de mil 281 goles, en mil 366 partidos; de estos, 12 anotaciones fueron con la selección brasileña. Jugó cuatro Copas Mundiales, de las que conquistó tres (1958, 1962 y 1970). También, ganó seis Ligas brasileñas (con el Santos), una estadounidense (Cosmos), dos Copas Intercontinentales y dos Copas Libertadores.


En 1977, fue nombrado ciudadano del mundo, por la ONU; en el año 2000, la FIFA lo declaró como el jugador del siglo; en 2004, la misma institución le otorgó la Orden del Mérito, la máxima distinción que se entrega a los jugadores, por sus aportes al futbol; y en 2014, recibió el Balón de Oro Honorífico, entregado por la revista francesa France Football, por mencionar algunos de sus muchos reconocimientos.


Además, fue creador e impulsor del joga bonito, un estilo de juego que se caracteriza por un dominio del balón, basado en el ritmo y movimientos de la samba.






Para conocer más sobre la trayectoria de O Rei, una buena opción es la película Pelé, el nacimiento de una leyenda (2016), que era especial para el brasileño porque, a diferencia de las otras producciones que se habían hecho sobre él, esta muestra su vida antes de ser famoso y abarca hasta el Mundial de Suecia de 1958, incluyendo las carencias de su niñez. El filme comienza con su experiencia del llamado Maracanazo, en 1950, cuando tenía nueve años de edad, que fue la derrota de Brasil como local, en la final del Mundial de ese año, contra Uruguay, en el estadio Maracaná, en donde vio llorar a su padre frente al televisor, por perder la copa.

Otra buena propuesta es el documental Pelé (2021), producido por Netflix.



¿Existirá otro Pelé? Ante esta cuestión, el crack brasileño respondió que sólo Dios lo sabe, pero, también, en alguna ocasión, sentenció que sus padres habían cerrado la fábrica y habían roto el molde. Actualmente, hay algunos nombres que destacan, como Messi, Cristiano Ronaldo y Mbappé, pero, a pesar de su gran talento y sus méritos, ninguno podría considerarse un segundo Pelé. Messi está al borde del retiro y acaba de alzar su primera Copa Mundial; el portugués no ha conquistado ninguna y Mbappé lo hizo a los 20. Ellos claro que son grandes historias, pero Pelé es leyenda. Se fue sin dejar un heredero al trono, y es lo justo, porque, como bien dijo el escritor uruguayo Eduardo Galeano, “Pelé es el rey y punto”.



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